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Mariles y “Arete” , una cuestión de confianza

por 9 Dic 2023General, Salto de obstáculos1 Comentario

En el Centro Deportivo Olímpico Mexicano descansan los restos del gran “Arete”, un caballo que hizo historia y le dio a México, su país, sus primeras medallas de oro en unos Juegos Olímpicos.

Nuestro protagonista nació en Colotlán, Jalisco, con un defecto de nacimiento en una de sus orejas, de ahí su nombre, “Arete”. No era muy grande, alazán tostado, brillante, precioso y de porte señorial. Todo esto le habría hecho destacar de no ser por un problema genético que le produjo la ceguera en el ojo izquierdo. A todo el mundo le producía una profunda tristeza ver el ojo nublado del alazán y nunca fue tomado en cuenta por su condición hasta que, pocos meses antes de las Olimpiadas de Londres de 1948, en el Club Hípico Francés, su camino se cruzó con el del Teniente Coronel del Ejército Mexicano Humberto Mariles Cortés. Una fuerte corazonada del teniente hizo que no se fijara en lo que todos consideraban una discapacidad, para fijarse en la garra, el potencial, la valentía y el coraje que le transmitió “Arete”, que ese mismo día y sin ninguna duda pasó a ser de su propiedad.

Su primer reto sería dar el salto a Europa y participar en el Internacional de Roma. Esta noticia llegó a oídos del presidente Miguel Alemán y llegó a crear mucha incomodidad en el Gobierno, que no estaba para nada de acuerdo en que el caballo compitiera representando los colores de México, pues estaba seguro de que iban a hacer el ridículo. El teniente hizo caso omiso y embarcó a su “Arete” de forma clandestina rumbo al antiguo continente. Su actuación en Roma, pese a todos los impedimentos de las altas esferas de su propio país, fue espectacular, demostrando así el gran potencial del binomio. Tanta polémica se creó después del concurso que el Gobierno, vía el embajador mexicano en Roma, Antonio Armendáriz, emitió una orden de arresto en su contra. Una vez más, Mariles hizo caso omiso y puso rumbo a Londres para participar en los Juegos Olímpicos.

El 14 de agosto de 1948, sonaban en el Estadio de Wembley los acordes del himno mexicano. Humberto Mariles y “Arete” hacían historia consiguiendo, no solo una sino dos medallas de oro olímpicas, individual y por equipos. Las primeras medallas de oro en la historia del país.

La euforia nacional hizo que el Presidente tuviera que tragarse el orgullo y recibir al binomio con honores retirando todo tipo de órdenes en su contra.

El viento soplaba a favor y todo hacía presagiar un futuro glorioso para esta espectacular pareja pero el destino no quiso que esta historia tuviera un final feliz. En febrero del 1952, un caballo pateó a “Arete”, provocando lesiones irreversibles. El caballo tuvo que ser sacrificado unos días después.

Los allegados al teniente, e incluso su propia mujer, Alicia Valdés, afirmaban que jamás se recuperó de tan duro golpe, que, pese a buscarlo, nunca encontró un caballo parecido a él y nunca superó del todo su pérdida.

Esto nos demuestra una vez más, que en la equitación, uno más uno pueden no ser dos, que muchas veces no todo se trata de una buena genética y una visita veterinaria perfecta. Como los seres humanos, el corazón, las ganas, el amor propio, el pundonor, el talante y el talento hacen que en algunas ocasiones se produzca “la magia”.

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1 Comentario

  1. Carmen

    Qué bonita historia

    Responder

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