Hay victorias que valen más que subirse a lo más alto del podio. No por el nivel de la prueba, ni por el premio, sino por todo lo que hay detrás. Horas de trabajo, de dudas, de constancia… y, sobre todo, años de construir un binomio.
Eso es lo que vivió Beatriz de Llanza el pasado 8 de marzo en el Gran Premio del CSN2* de la Real Sociedad Hípica Española Club de Campo (RSHECC), donde se impuso con su inseparable Mary Whiskys en un fin de semana que, como ella misma reconoce, no olvidará fácilmente.
“Fue toda una sorpresa y una alegría”, cuenta. “Nos estaba costando arrancar la temporada y, además, aunque somos un binomio muy regular, no somos de las más competitivas… así que esta victoria me hizo muchísima ilusión”.
Lo más especial de este triunfo fue el nombre que lo acompañaba: Mary Whiskys. Una yegua CDE de 14 años, con la que Beatriz lleva una década compitiendo y con la que ha llegado a saltar 1,50. Una compañera que, curiosamente, nunca había ganado un Gran Premio.
“Para mí significó que por fin ella tuviera su momentito de gloria”, explica. “Lleva diez años compitiendo a buen nivel, siempre muy regular… pero esta es la primera prueba que ganamos. Y te das cuenta de lo difícil que es ganar, al nivel que sea”.
La escena, además, tenía ese punto que solo da la hípica cuando se mezcla con la vida personal: familia, amigos, ambiente cercano… y hasta una pequeña “reivindicación” previa. “El día antes mis hijas me preguntaron que por qué yo no ganaba nunca”, cuenta entre risas. “Y al final fue un concurso súper familiar, con gente muy cercana, con Iñigo Verdugo tercero… y encima en la RSHECC, que me encanta saltar allí”.
La celebración, lejos de grandes gestos, fue igual de cine, niños y palomitas. Como debe ser.
Un binomio hecho a base de tiempo
La historia entre Beatriz y Mary no ha sido un camino sencillo. Como tantos binomios, se ha construido poco a poco.
“Al principio me costó mucho”, reconoce. “Empecé a montarla después de tener a mis hijas. Ella tenía siete años y era muy buena, muy ‘santa’, pero no entendía nada de lo que yo le pedía y yo sentía que me sobraba caballo por todas partes”.
A base de insistencia (y muchas ganas de volver a montar) fueron encajando piezas. En apenas unas semanas ya estaban en 1,40m, pero el salto de calidad llegó después, con mucho trabajo en casa. “Para empezar a hacer cero en 1,45m nos costó mucho. Ahí ya no valía solo con interpretar bien a la yegua, necesitábamos más precisión. Fueron meses de doma, barras en el suelo, cambios de hierro…”.
El resultado es el que se vio en la pista: un binomio sólido, que se entiende y que se apoya en la confianza. “Lo que la define es que tiene un corazón más grande que ella. La seguridad que te da es total. Incluso cuando yo me pongo nerviosa, en cuanto empiezo a galopar se me pasa todo”.
El recorrido del Gran Premio fue, en palabras de Beatriz, “bonito y agradable de montar”, con su punto técnico, pero sin trampas.
En el desempate vio una oportunidad, aunque sin pensar en la victoria. “Pensé que era bueno para mi yegua, pero no que podía ganar”.
La clave estuvo en un tranco menos en dos líneas del desempate. “Cuando salí de pista y vi eso, pensé que si me querían batir iban a tener que arriesgar”. Y así fue. Solo un binomio consiguió mejorar el tiempo… pero con un derribo.
El detalle invisible: el herraje
Este es un deporte donde todo cuenta, hay factores que muchas veces pasan desapercibidos para el público, pero que son determinantes en el rendimiento del caballo. Uno de ellos es el herraje.
En el caso de Mary Whiskys, este aspecto cobra aún más importancia. “Sus cascos son su punto débil”, explica Beatriz. “Para el tamaño que tiene, no son especialmente grandes, y eso hace que sean más sensibles. Ha tenido hematomas internos varias veces, el impacto le afecta mucho”.
Ahí entra en juego el trabajo de su herrador, Marc Herrouin, con quien lleva años trabajando. “El herraje es como los neumáticos en la Fórmula 1 o las zapatillas en cualquier deporte. Si el caballo no va cómodo, no puede rendir”, afirma.
En el caso de Mary, utilizan herraduras más gruesas y con mucho rolling, buscando amortiguar el impacto sin comprometer la comodidad del casco. “Marc está siempre pendiente. Ajusta mucho los tiempos entre herrajes porque a ella no le duran igual, y calcula para que esté perfecta los días de concurso”.
Un trabajo en equipo donde también entran el veterinario y el mozo, con comunicación constante para ajustar cada detalle.
Disfrutar, por encima de todo
Con esta victoria en el bolsillo, Beatriz no se marca grandes objetivos a corto plazo. El siguiente en el horizonte es el CSI2* de Fontainebleau, a finales de abril. “Con ella, ahora mismo, el objetivo principal es disfrutarla”, reconoce. “Este deporte es muy sacrificado, y yo no me dedico al 100% a esto. Cuando entendí que no tenía que demostrar nada a nadie, todo empezó a ir mejor”.











