Cuando una figura como César Augusto Lacayo decide dirigirse públicamente a los socios de ANCCE, sus palabras adquieren un peso especial. No solo por su dilatada trayectoria dentro del mundo del Caballo de Pura Raza Española, sino también por el prestigio empresarial e institucional que ha construido durante décadas.
Lacayo es socio de ANCCE, presidente accionista del Grupo CALSA, expresidente del Capítulo Nicaragua del Consejo Empresarial de América Latina (CEAL) y uno de los grandes impulsores de la promoción internacional del Caballo de Pura Raza Española, especialmente en el continente americano. Su compromiso con la raza ha sido reconocido por la propia asociación, que le concedió la distinción de Socio de Honor durante SICAB. A ello se suman importantes reconocimientos internacionales, entre ellos la Real Orden de Isabel la Católica, otorgada por el Rey Don Juan Carlos I, y la Orden de la Stella della Solidarietà Italiana, concedida por el Presidente de la República Italiana.
Con este bagaje, Lacayo ha querido hacer llegar una carta a todos los socios de ANCCE en la que no solicita el voto para ninguna de las candidaturas que concurren a las elecciones, ni entra en descalificaciones personales. Al contrario, reconoce el valor de ambos proyectos y apela a la unidad, al respeto institucional y a la necesidad de preservar la transparencia durante todo el proceso electoral.
No obstante, la carta también pone el foco en una cuestión que considera especialmente preocupante. Según relata en primera persona, asegura haber visto bloqueada su comunicación con el director general por no compartir la estrategia de apoyo a una de las candidaturas, una situación que, a su juicio, resulta incompatible con la neutralidad que debe mantener el personal ejecutivo de una entidad como ANCCE.
Más allá del escenario electoral, la reflexión que plantea va mucho más lejos. Lacayo invita a los socios a preguntarse cuál debe ser el papel de la estructura ejecutiva de la asociación durante unas elecciones y si su responsabilidad no pasa, precisamente, por garantizar un trato igualitario a todos los asociados, con independencia de la candidatura que respalden.
Porque, como viene a trasladar en su escrito, la fortaleza de ANCCE no dependerá únicamente del resultado de las urnas, sino de que todo el proceso se desarrolle con transparencia, respeto institucional y con la garantía de que cada socio pueda ejercer libremente sus derechos.
La carta de César Augusto Lacayo cobra relevancia precisamente porque procede de una persona que ha dedicado buena parte de su vida a la promoción y expansión internacional del Caballo de Pura Raza Española. Una voz con una larga trayectoria dentro de la asociación que, independientemente de las distintas sensibilidades que puedan existir, invita a la reflexión en un momento especialmente importante para el futuro de ANCCE.
Mañana, martes 30 de junio, las urnas decidirán el futuro de ANCCE.











