Hay caballos que dejan un palmarés extraordinario y otros que, además, transforman la vida de quienes tienen el privilegio de montarles.
Tom Bombadill Too, «Tommy» para quienes le conocían de cerca, fue uno de ellos. Su fallecimiento ha llevado al jinete portugués Ruy Fonseca a compartir una emotiva despedida en la que repasa una trayectoria deportiva repleta de éxitos, pero, sobre todo, una amistad que marcó para siempre su carrera y su vida.
«Gracias por todo, amigo». Con esas palabras comienza el mensaje de Fonseca, que recuerda cómo aquel pequeño caballo con un corazón inmenso le acompañó durante años por todo el mundo. Juntos recorrieron 15 países, pasando en solo catorce meses de ser un binomio debutante a competir en pruebas de cinco estrellas. Apenas cuatro meses después llegaría el Campeonato del Mundo de Kentucky, donde firmaron un brillante doble recorrido sin penalizaciones.
La historia de ambos continuó creciendo con la participación en dos Juegos Olímpicos, dos Juegos Panamericanos y dos Campeonatos del Mundo. Entre los recuerdos imborrables aparecen las medallas por equipos logradas en los Panamericanos y, especialmente, Toronto 2015, donde lideraban la clasificación tras la doma y un leve toque en el último salto les dejó a las puertas del oro individual. Un desenlace doloroso que, con el paso del tiempo, no ha eclipsado todo lo que consiguieron juntos.
Sin embargo, para Fonseca los resultados ocupan un segundo plano frente a los momentos compartidos lejos de las pistas. Recuerda con especial cariño ver a su madre montar a Tommy durante los paseos, o cómo su esposa volvió a competir con él cuando el caballo ya tenía 19 años. También evoca con emoción una victoria en Portugal dedicada a un amigo muy querido que ya no está.
En su despedida, el jinete define a Tommy como el caballo más noble, sencillo y feliz que ha pasado por su vida, un compañero que le abrió puertas, le enseñó lecciones imposibles de medir y le permitió vivir experiencias que jamás habría imaginado.
Fonseca quiso extender su agradecimiento a todas las personas que formaron parte de la vida del caballo, con una mención muy especial para Caroline Gordon, su inseparable cuidadora, así como para su familia, el equipo de Brasil, veterinarios, entrenadores y todo el personal que compartió el camino junto a Tommy.
Con palabras cargadas de emoción, el jinete concluye despidiéndose de un amigo al que promete recordar para siempre.











