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Roger Chammas, de los primeros paseos a representar al Líbano en Aachen 2026

La historia de Roger Chammas con los caballos comenzó casi por casualidad, mucho antes de que pudiera imaginar que algún día representaría al Líbano en un Campeonato del Mundo. Tenía seis años cuando montó por primera vez en la pequeña finca de un tío de su madre en su país natal. Aquel primer contacto despertó una pasión que, años después, le ha llevado hasta el máximo nivel internacional del Salto.

“Cuando me subí por primera vez en un caballo, no tenía ni idea del deporte ecuestre. Simplemente quería probar y me encantó. Quise continuar por puro amor a montar a caballo”, recuerda Chammas en conversación con Chacco Marketing.

Poco después empezó a observar a un jinete de Salto que entrenaba en el mismo lugar y descubrió que aquello era precisamente lo que quería hacer. A los ocho años llegó otro momento decisivo: asistió como espectador a los Juegos Panárabes celebrados en Líbano.

“Fui a ver los Juegos y creo que fue la primera vez que pensé: ‘Algún día me gustaría estar ahí y hacer lo mismo que esos jinetes’”.

Desde entonces, su trayectoria se ha construido paso a paso. Chammas reconoce que cada nuevo nivel alcanzado ha supuesto un momento importante: ganar por primera vez un Gran Premio nacional, conseguir después un Gran Premio internacional y comprobar que podía seguir avanzando. Sin embargo, si tiene que escoger un punto de inflexión, se queda con su clasificación para su primer Campeonato del Mundo en 2022 y, especialmente, con su actuación en la segunda jornada, en la que terminó con únicamente un punto por tiempo.

“Fue un logro muy bonito y un momento importante en mi carrera porque demostró que era capaz de competir a ese nivel”.

Ahora vuelve a afrontar un Campeonato del Mundo, esta vez con Aachen como escenario y con un caballo de diez años al que ha acompañado prácticamente durante toda su formación deportiva.

La temporada 2026 comenzó en Doha, donde Chammas decidió permanecer durante seis semanas con un objetivo muy concreto: proporcionar a su caballo la experiencia de cinco estrellas que todavía no tenía. La planificación dio resultado y el binomio consiguió incluso clasificarse en pruebas de ese nivel.

Uno de los momentos que más confianza le dio llegó durante la última semana de la gira en Qatar, en el CHI Al Shaqab, donde completaron con doble cero el Gran Premio cinco estrellas.

“Eso te da confianza, porque demuestra que tienes el nivel para hacerlo y que tu caballo es capaz de competir a ese nivel”.

Además, la clasificación para el Campeonato del Mundo estaba asegurada desde junio de 2025, lo que permitió diseñar la temporada pensando específicamente en Aachen. Sin embargo, la segunda parte de esa preparación resultó mucho más complicada.

Tras regresar a Europa a finales de febrero y conceder un periodo de descanso al caballo, Chammas quería competir en varios concursos cinco estrellas sobre hierba para proporcionarle experiencia en grandes pistas y prepararse él mismo para un escenario de estas características. No pudo hacerlo.

“Para un jinete como yo es bastante difícil entrar en esos concursos. Intenté todo lo posible a través del sistema de wild cards de la FEI y contactando con los organizadores, pero no pude entrar en ninguno. Fue bastante frustrante”.

Chammas señala una realidad que, a su juicio, afecta especialmente a los representantes de países con menor presencia en la élite internacional. Al disponer de un único caballo para competir a este nivel, su posición en el ranking dificulta enormemente conseguir invitaciones para los cinco estrellas europeos.

“Volviendo de Doha con clasificaciones en cinco estrellas, pensé que sería posible entrar en alguna competición cinco estrellas en Europa para preparar Aachen, pero desgraciadamente no fue así. Espero que la FEI haga algo al respecto. De lo contrario, será muy difícil para los jinetes que representan a países pequeños acceder a estas competiciones y llegar preparados a un Campeonato del Mundo”.

Pese a las dificultades, no ha querido modificar su sistema de trabajo antes de Aachen. Su prioridad continúa siendo la misma que durante toda la temporada: mantener al caballo feliz, sano y con confianza.

La participación en un Campeonato del Mundo representa para Chammas mucho más que un resultado deportivo. Detrás hay años de trabajo junto a su equipo y una trayectoria que comenzó de nuevo cuando, con apenas 18 años, decidió abandonar Líbano y trasladarse a Europa.

“Cuando entras en la pista llevando la bandera libanesa, recuerdas todo lo que tuviste que hacer para llegar hasta allí. Me fui del Líbano con 18 años y tuve que construirlo todo desde cero. Cuando recuerdas todos esos momentos y todo lo que hizo falta para llegar, sientes una emoción especial. Estás orgulloso de todo el camino recorrido”.

Ser el único jinete libanés en el Campeonato del Mundo añade, además, una responsabilidad que asume con orgullo.

“Quieres demostrar que un jinete libanés también puede competir a este nivel”.

Y hacerlo precisamente en Aachen multiplica el significado de la experiencia. Para Chammas, la singularidad del escenario alemán no reside únicamente en sus instalaciones, sino en algo mucho más difícil de reproducir.

“Hoy no es tan complicado construir unas instalaciones bonitas. Muchos lugares pueden hacerlo. Pero lo que no puedes comprar es la atmósfera”.

El público, las gradas llenas de aficionados y el conocimiento ecuestre de quienes acuden al estadio son, para él, los elementos que convierten Aachen en un lugar diferente.

“Eso es lo que, en mi opinión, hace que Aachen sea tan especial”.

Su compañero para este reto será Glondon Di San Giovann, un semental de diez años, de cría italiana y descendiente de Glock’s London x Cardento, criado por Giuseppe Provenzi. Chammas comenzó a montarlo cuando tenía seis años y ambos han recorrido juntos todo el camino desde las pruebas de caballos jóvenes hasta los recorridos de 1,60 metros.

“Es un caballo que parece muy fuerte y muy seguro de sí mismo, pero al mismo tiempo tiene cierta sensibilidad, y creo que eso caracteriza a los caballos especiales. Realmente creo que este caballo es un auténtico genio”.

Para el jinete libanés, se trata de un caballo nacido para el Salto, al que le gusta competir y que se transforma cuando entra en pista.

“Es un verdadero luchador. Hace que mi trabajo sea un poco más fácil porque no tengo que preocuparme demasiado por los obstáculos; simplemente tengo que intentar no molestarle demasiado y dejarle hacer su trabajo”.

Cuatro años juntos han creado también una relación que va mucho más allá de la competición. Chammas explica que el caballo forma ya parte de su familia y que su bienestar constituye una responsabilidad diaria.

“Cada mañana necesito asegurarme de que está bien y cada tarde también. Me ha dado tanto que siento que debo asegurarme de que siempre se encuentre bien. Disfruto cuidándolo y comprobando que tiene todo lo que necesita y que es feliz”.

Esa relación se traslada a la pista. Después de cuatro temporadas compitiendo juntos, considera que ambos se conocen profundamente, aunque reconoce entre risas que su compañero todavía puede mostrar algún día su lado más travieso.

“Confío en él y espero que él también confíe en mí y quiera darlo todo por mí”.

Precisamente una de las grandes incógnitas de Aachen será comprobar cómo reacciona el semental ante una atmósfera que nunca ha experimentado. Para Chammas, mantenerlo relajado será uno de los mayores retos cuando comience la competición.

“No sé cómo reaccionará con ese ambiente porque no es algo a lo que esté acostumbrado. Creo que mi mayor desafío será conseguir que permanezca tranquilo y relajado”.

Por ello, sus objetivos se alejan de establecer un resultado concreto. Chammas quiere mostrar su equitación, hacer justicia al caballo y entender Aachen también como una oportunidad para seguir adquiriendo experiencia.

“Mi objetivo personal es dar una buena imagen de mi forma de montar e intentar hacerlo de la mejor manera posible. Después, si el caballo comete algún error porque no está acostumbrado a competir a este nivel, no será un problema. También tenemos que ser justos con nosotros mismos: no tenemos la oportunidad de competir suficientemente a este nivel”.

“Lo importante es dar una buena imagen, montar correctamente y entender que todo lo demás es experiencia”.

Mentalmente reconoce sentir la presión antes de entrar en pista, aunque ha aprendido a convivir con ella sin permitir que afecte a su equitación.

“Siento bastante presión antes de entrar, pero por suerte soy capaz de gestionarla y no afecta a mi forma de montar”.

Entre las personas que han marcado su trayectoria destaca especialmente el jinete neerlandés Michael Greeve. Tras montar en Líbano desde los seis hasta los 18 años y adquirir allí unas buenas bases, Chammas llegó a Europa y lo vio competir.

“Lo vi montar y era muy bonito de ver. Pensé: ‘Esta es realmente una forma de montar y una dedicación que me gustan’”.

Tres años después tuvo la oportunidad de trabajar junto a él. Observar su equitación y poder contar con su ayuda cuando la necesitaba se convirtió en una influencia importante durante su desarrollo como jinete.

Ahora, mientras se prepara para entrar en uno de los escenarios más especiales del deporte representando al Líbano, Chammas mira también hacia quienes están comenzando el mismo camino que él inició siendo un niño.

“Espero que mi participación en el Campeonato del Mundo motive a los jóvenes jinetes libaneses y les haga ver que un jinete del Líbano puede llegar al máximo nivel del deporte, que existe un camino si trabajas correctamente y trabajas duro”.

Ese es también uno de sus deseos para Aachen 2026: que su presencia no termine cuando cruce la línea de llegada, sino que contribuya al crecimiento del deporte ecuestre en su país.

“Espero que mi participación en el Campeonato del Mundo ayude a desarrollar el deporte ecuestre en Líbano y a hacerlo avanzar”.

De aquella primera vez sobre un caballo con seis años a entrar en Aachen llevando la bandera de su país, Roger Chammas ha construido un camino en el que cada nuevo nivel ha tenido que ganarse paso a paso. Ahora afronta el Campeonato del Mundo con la responsabilidad de ser el único representante libanés y con un compañero al que ha visto crecer desde los seis años hasta los recorridos de 1,60 metros.

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