El Andalucía Sunshine Tour no solo es impresionante para jinetes y caballos; también lo es para quienes sostienen el día a día de estos en la sombra: los mozos de cuadra. Entre ellos se encuentra Raquel Ginoris, que vive por primera vez la experiencia del Circuito del Sol.
“Muy bien, la verdad que muy contenta”, resume nada más comenzar la conversación. Acostumbrada a trabajar más frecuentemente en concursos de Doma Clásica, Raquel reconoce que el salto de dimensión la ha sorprendido. “Estoy flipando un poco con todo. Es mi primera vez en el Sunshine Tour y es increíble la cantidad de caballos que alberga el centro, las instalaciones, la cantidad de pistas… Las pistas de hierba para entrenar y para pastar, la posibilidad de realizar tantas pruebas al mismo tiempo… Estoy un poco alucinando”.
Si tuviera que elegir un momento que le haya impactado, lo tiene claro. “Tenemos las cuadras justo enfrente de la pista donde se hace el vet-check, y ayer podía haber 300 caballos al mismo tiempo haciendo cola para la revisión veterinaria. Filas y filas pasando el control, todo organizado y ordenado… Me pareció una barbaridad, increíble”.
La imagen, habitual para quienes frecuentan el circuito, sigue siendo muy especial para quien lo vive por primera vez desde dentro. La logística, sin embargo, es precisamente uno de los puntos que más valora como profesional.
“Estoy viviendo la experiencia bastante fácil, tranquila, con unos horarios decentes, que muchas veces en los concursos eso no pasa”, explica. En esta edición cuenta con siete caballos, una cifra que exige organización y resistencia física. Sin embargo, destaca la buena planificación: “A las cinco o seis de la tarde como mucho ya han competido todos, estamos dando de cenar, recogiendo… Luego solo queda el night-check a última hora. Creo que está súper bien organizado para poder trabajar y disfrutar del concurso al mismo tiempo”.
En un circuito donde el volumen de caballos y pruebas podría traducirse en jornadas interminables, Raquel pone en valor que el modelo del Andalucía Sunshine Tour permita compatibilizar la exigencia profesional con cierta calidad de vida.
Más allá de las pistas y la magnitud del evento, también hay espacio para los detalles que hacen más llevaderas las largas jornadas. “El kiosco del área C abre a las siete y media para tomarte el cafelito después de dar el desayuno a los caballos”, comenta entre risas. “Y arriba, al lado del Meeting Point, hay un puesto de batidos que están de muerte. Aquí nos arruinamos”.
Y si tuviera que llevarse algo a casa, lo dice sin dudar: “Me quedo con Kafar, me lo quiero llevar”. Es el caballo con el que Niklaus Schurtenberger está haciendo muy buenos recorridos.
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