La amazona peruana, alumna de Luis Fernando Larrazábal en San Francisco Stables, disputó el pasado fin de semana en Saugerties su primer Gran Premio 3* con Camp S, completando el recorrido sin derribos y con solo dos puntos por tiempo.
Hace apenas unos años, Paloma Santa Cruz llegaba a Wellington saltando 1,10 m y con la intención de conocer una realidad hípica que, hasta entonces, le parecía prácticamente inalcanzable. El pasado fin de semana, la amazona peruana de 30 años dio uno de los pasos más importantes de su trayectoria al disputar su primer Gran Premio internacional a 1,50 m en el CSI3* de Saugerties, Nueva York.
Montando a Camp S hannoveriano nacido en 2016, Santa Cruz completó un recorrido sin derribos, penalizado únicamente con dos puntos por tiempo. Un resultado que pone cifras a una evolución construida en los últimos años junto a Luis Fernando Larrazábal y el equipo de San Francisco Stables.
Su relación con los caballos comenzó mucho antes, cuando apenas tenía cuatro o cinco años. Fue en Zapallar, Chile, donde su madre apuntó a Paloma y a su hermana a clases de equitación. Después continuó montando en Lima, aunque siempre como una actividad extracurricular. “Me encantaba, pero nunca imaginé que terminaría convirtiéndose en una parte tan importante de mi vida”, recuerda.
El cambio de rumbo llegó en 2022. Por entonces ya montaba con mayor seriedad en Perú y, a través de Alexia Thermiotis, esposa de Luis Fernando y amiga de personas cercanas a su familia, surgió la posibilidad de conocer San Francisco Stables. Paloma buscaba ampliar sus horizontes, aunque reconoce que Wellington le parecía entonces un destino casi inalcanzable para su nivel.
“Acababa de terminar el Nacional de 1,00 m en Perú cuando llegué a Wellington, así que fue como abrir una caja de Pandora”, explica. El salto a nivel deportivo fue inmediato, pero también lo fue el aprendizaje. “Fue una etapa muy humbling, de muchísimo aprendizaje. Me encantaba montar y competir, pero todavía no entendía realmente la profundidad de la conexión con el caballo”.
Esa conexión es uno de los aspectos que más ha cambiado en su manera de montar. “Hoy soy mucho más consciente de esa conexión, de estar presente y de cómo todo lo que pasa por mi cabeza termina influyendo en mi caballo”, señala.
El progreso desde aquellos primeros recorridos de 1,10 m hasta el 1,50 m ha sido rápido. Paloma considera importante la capacidad de Luis Fernando para reconocer el potencial de un alumno y confiar en él, pero también los caballos que han formado parte del proyecto.
“Ha sido un proceso bastante rápido, con muchísimo aprendizaje en muy poco tiempo”, explica. Para ella, dar ese salto también implicó convertir la equitación en el centro de su día a día, mudándose a Wellington y asumiendo la disciplina y constancia que exige el deporte al máximo nivel.
De Luis Fernando destaca tanto su capacidad como jinete como su faceta de entrenador. “Tiene un talento y un feeling innato con los caballos que es impresionante, pero además tiene algo que no necesariamente tienen todos los grandes jinetes: sabe enseñar”. Una combinación que, según Paloma, ha sido determinante: “Es muy técnico y sabe explicarte exactamente qué necesitas hacer, pero al mismo tiempo le da muchísima importancia a la conexión con el caballo”.
Actualmente cuenta con tres caballos: Emirat Bois Passe, Kannonball y Camp S. Tres ejemplares diferentes para los que el trabajo se ha planteado de manera individual. “Luifer ha sabido desarrollar un proceso diferente para cada uno, trabajando sus fortalezas y sus debilidades. Todos han mejorado muchísimo desde que llegaron al equipo”.

Entre ellos, Emirat ocupa un lugar muy especial para Paloma. El Silla Francés, nacido en 2014, fue el primer caballo que Paloma compró en Estados Unidos cuando todavía competía en 1,10 m. Juntos llegaron a representar a Perú en los Juegos Bolivarianos de Lima 2025 y también han afrontado sus primeros Grandes Premios 2*.

“Ha aguantado mis errores, ha crecido conmigo y, en gran parte, me ha enseñado a montar”, afirma sobre un caballo al que considera su “compañero de batalla”.
Camp S, en cambio, ha protagonizado la última gran progresión. “En muy poco tiempo ya me llevó a saltar 1,50 m, y la tranquilidad y serenidad que me transmite han sido claves para poder dar este nuevo paso”.
El Gran Premio de Saugerties no estaba inicialmente en los planes de Paloma. El objetivo del concurso era encontrar la oportunidad de realizar su primer recorrido sobre 1,50 m, pero no necesariamente disputar el Gran Premio.
Después de completar una buena semana y tras la prueba clasificatoria, Luis Fernando le comunicó que saltaría el Gran Premio. “Mi primera reacción fue pensar: ‘Bueno, algo debo haber hecho bien’”.
Los nervios estaban presentes, pero la confianza que le transmite Camp S terminó imponiéndose. “Estaba más emocionada que nerviosa. Entré buscando hacer una buena monta y que fuera una buena experiencia para mi caballo, y terminamos consiguiendo un resultado mucho mejor de lo que esperaba”.

Su filosofía también le ayuda a gestionar la presión de los grandes concursos. “Le tengo muchísimo respeto al deporte, pero intento no perder de vista por qué lo hago”. Una idea que Luis Fernando resume en una frase que, según Paloma, suele decirle antes de entrar en pista: “Have fun”.
“Si salgo de la pista y mi caballo y yo estamos bien, tengo motivos para sonreír. Los resultados importan, por supuesto, pero no son lo único”.
Después de este primer Gran Premio 3*, Santa Cruz quiere seguir creciendo sin acelerar los tiempos de sus caballos. Entre sus objetivos está continuar representando a Perú en competiciones internacionales y cumplir una de sus próximas metas: disputar su primer Gran Premio nocturno durante el circuito de invierno de Wellington.
Cuando mira atrás, le cuesta incluso dimensionar lo rápido que ha avanzado. “Hubo un momento en el que simplemente venir a Wellington y montar en Estados Unidos me parecía algo inalcanzable”.
Por eso, a aquella Paloma que comenzaba a saltar 1,10 m le daría un consejo: “Que siga soñando”. Y también que trabaje, tenga disciplina y encuentre a las personas adecuadas para acompañarla.
“Yo tuve muchísima suerte de llegar al equipo de Luifer y tengo un agradecimiento especial hacia Alexia, que ha sido clave en todo este proceso, además de mi familia”.







