Los pañuelos blancos ondeando en las gradas del estadio principal se han convertido en una de las imágenes inseparables de Aachen
Una tradición que acompaña desde hace más de siete décadas la despedida de jinetes y amazonas y cuyo origen coincide con un año especialmente significativo para la hípica española: 1953, cuando España conquistó la Copa de Naciones del concurso alemán.
La historia de esta particular ceremonia comenzó precisamente aquel año. Durante la clausura, el entonces locutor del estadio, el abogado Dr. Kurt Sonnamini, pidió espontáneamente a los espectadores que sacaran sus pañuelos y los agitaran mientras los participantes realizaban la vuelta de honor. La iniciativa fue acogida con entusiasmo por el público y terminó repitiéndose hasta convertirse en una de las señas de identidad de Aachen.
Desde entonces, decenas de miles de aficionados participan en una despedida que actualmente se conoce como “Abschied der Nationen”, la Despedida de las Naciones. Los pañuelos llenan las gradas mientras los protagonistas de la competición se despiden de la pista, una imagen que ha sobrevivido al paso de las décadas y que también ha formado parte de los recientes Campeonatos del Mundo FEI celebrados en Aquisgrán.
La ceremonia cuenta, además, con su propia banda sonora. Los pañuelos se agitan al ritmo de “Muss i denn zum Städtele hinaus”, una melodía tradicional alemana vinculada a Württemberg y difundida durante el siglo XIX por el compositor Friedrich Silcher. Su letra habla de una despedida y de la voluntad de regresar, un significado especialmente apropiado para el momento en el que Aquisgrán dice adiós a sus participantes hasta la siguiente edición.
La melodía acabaría alcanzando también fama internacional. En 1960, Elvis Presley popularizó “Wooden Heart”, basada en “Muss i denn”, después de interpretarla en la película “G.I. Blues”. Sin embargo, mucho antes de aquella versión, la canción ya había quedado ligada a la particular despedida del concurso alemán.
El nacimiento de los pañuelos blancos guarda, además, una curiosa conexión con uno de los grandes capítulos históricos del Salto español. En 1953, España se impuso en la Copa de Naciones de Aachen con un equipo dirigido por el coronel Pablo Montoya Gaviria.
Joaquín Nogueras Márquez con Frisar, Manuel Ordovás González con Bohemio, Ángel Alonso Martín con Brise Brise y Francisco Goyoaga Caamaño con Baden fueron los integrantes del conjunto español que consiguió aquella victoria.
Aquel 1953 resultó especialmente brillante para Francisco Goyoaga. Ese mismo año, el jinete español se proclamó campeón del mundo individual de Salto en París junto a Quorum, convirtiéndose en el primer español en conquistar el título mundial de la disciplina.
La victoria en Aachen tampoco quedó como un éxito aislado. España volvió a imponerse en la Copa de Naciones al año siguiente y sumó una tercera victoria en 1958, completando una etapa especialmente destacada de la hípica nacional en uno de los escenarios más emblemáticos del calendario internacional.
Setenta y tres años después de aquella primera despedida, Aachen continúa llenándose de pañuelos blancos cuando llega el momento de cerrar sus grandes competiciones. Una tradición que nació de manera espontánea y que guarda una coincidencia histórica especial para España: el año en el que comenzó a escribirse también fue el de la primera de sus tres victorias en la Copa de Naciones de Aachen.






