Del 13 al 15 de marzo, el Cortijo Ventura (Posadas, Córdoba) fue un punto de encuentro diferente dentro del panorama ecuestre nacional. Lejos de la pista de competición, de los cronómetros o de la reprise, el foco estuvo en la relación entre caballo y humano.
El II Clinic Conceptos Monty Roberts, organizado por Ángela Ortiz junto a la instructora Denise Heinlein (mano derecha del propio Monty Roberts), se ha cerrado con un balance rotundamente positivo. No solo por la participación, sino por el impacto real que ha tenido.
“La gente volvió a su casa con una sonrisa de oreja a oreja, súper motivados y con el corazón lleno”, resume Ángela. Pero hay algo más importante aún: “todos decían que les había cambiado la manera de ver al caballo”.
Ese es el eje de la metodología Monty Roberts: comprender cómo piensa el caballo.
“Muchas veces se nos olvida, pero los caballos son animales depredados. Todo parte de ahí”, explica Ángela. Desde esa base, el trabajo deja de centrarse en la imposición para pasar a la cooperación.
No se trata de que el caballo obedezca porque se le obliga, sino de que quiera estar contigo, que confíe y que decida colaborar. Un cambio de enfoque que, para muchos asistentes, ha supuesto un antes y un después.
El clinic combinó sesiones teóricas por la mañana con una intensa parte práctica por la tarde, donde se pudo ver el método en acción con caballos de distintas edades y perfiles.
Desde potros de un año que eran manipulados por primera vez (colocación de cabezada, primeros contactos, “quitar cosquillitas”) hasta caballos más hechos trabajando a riendas largas, una fase importante antes de subirse a la montura.
“Trabajar desde abajo es fundamental para que el caballo entienda las ayudas, sobre todo la voz, y vaya asociando todo antes de que haya peso arriba”, explica la organizadora.
Pero uno de los momentos que más llamó la atención fue el Join-Up®, la base del método. Un ejercicio donde, a través del lenguaje corporal, el caballo termina siguiendo a la persona sin necesidad de presión, comida ni artificios.
“Ella lo hace con una facilidad increíble… y ves cómo el caballo se relaja, cómo cambia”, comenta Ángela.
Más allá de la teoría, el clinic también se centró en situaciones reales del día a día. Uno de los ejemplos más claros fue el trabajo con un caballo que nunca había subido al van.
“Lo hicimos sin sustos, sin golpes… y al final entraba y salía solo. Lo repetimos varias veces y el cambio fue brutal”, cuenta.
El grupo estaba compuesto por distintos perfiles. Profesionales del sector, jinetes amateurs, alumnos, criadores… incluso herradores.
Entre los asistentes, destacaba la presencia Yeguada Sierra Gorda, Yeguada Valbuena, dos profesionales de la Escuela Manuel de la Rosa, Zea Arabians…
“Ellos, que trabajan con caballos con mucha sangre, se han quedado flipando. Estaban deseando llegar a casa y probar todo”, explica Ángela.
También hubo perfiles más vinculados a la competición, como una amazona que entrena con Juan Manuel de Jove, o aficionados que querían simplemente entender mejor al caballo.
Y todos coincidían en lo mismo: el impacto de lo aprendido.
El evento tuvo lugar en una finca donde tradicionalmente se trabaja en Doma Vaquera, un sistema que, en sus inicios, se apoya más en la sumisión del caballo.
Frente a eso, el método Monty Roberts plantea justo lo contrario: cooperación, tiempo y comprensión.
“Ha sido muy curioso, porque gente muy metida en la Doma Vaquera ha estado viendo el clinic y diciendo: ‘es que tiene razón… el problema es que nosotros no tenemos paciencia’”, relata Ángela.
Un contraste que, lejos de generar rechazo, abrió nuevas perspectivas.
“Creo que hemos convencido a un núcleo fuerte”, añade entre risas.
El ambiente durante los tres días fue, según la organización, excepcional. Tanto que los propios dueños de la finca pedían que el equipo se quedara más tiempo.
“Todos los caballos estaban relajadísimos. Ha sido increíble verlo”, finaliza Ángela.




















