José Milán Dopico se proclamó campeón gallego de Saltos 2026 en la categoría de adultos junto a Nordés D, poniendo el broche de oro a un Campeonato que vivió desde una doble perspectiva: como jinete y como entrenador.
Tras el triunfo, el jinete gallego habla con Chacco Marketing sobre sus orígenes, la evolución de la yegua con la que conquistó el título, su manera de entender la formación y un proyecto hípico que continúa creciendo.
La relación de Dopico con los caballos comenzó prácticamente antes de que pudiera recordarlo. Su padre tenía caballos de paseo y sus primeras imágenes de infancia están inevitablemente vinculadas a ellos. «Con dos o tres añitos recuerdo ir a caballo agarrado por mi padre. El ruido de los cascos, el calor que desprendía el caballo, los olores… son los primeros recuerdos que tengo».
Aunque su padre terminó vendiendo aquellos caballos, la afición permaneció intacta. Años después, cuando la familia se trasladó a vivir a una finca en el campo, volvieron a tener dos caballos de paseo. Una reforma les obligó a llevarlos temporalmente a un club y aquella circunstancia terminó marcando definitivamente su camino. «Allí empezamos a saltar y desde aquella hasta ahora. Eso fue con ocho años».
Muchos años después, el Salto forma parte de prácticamente todos los ámbitos de su vida. El Campeonato gallego de 2026 terminó con Dopico y Nordés D en lo más alto del podio de adultos, aunque el jinete reconoce que vivió la competición pendiente también de sus alumnos y de todo el equipo que le rodea.
«Ganar le gusta a todo el mundo, pero a mí lo que más me gusta de una victoria es ver a tu entorno, tus familiares, tus alumnos, los propietarios, con esa ilusión», explica. Para el gallego, el oro adquiere así una dimensión colectiva: «Hacer feliz al equipo, al mozo, a los propietarios, a toda la gente que me rodea… Para mí eso es lo más importante».
Dopico llegaba al Campeonato sabiendo que Nordés D atravesaba un buen momento. La yegua venía de afrontar pruebas importantes de 1,40 metros y había mostrado muy buenas sensaciones, por lo que existían motivos para afrontar la competición con expectativas. Sin embargo, el jinete conoce perfectamente la imprevisibilidad de un campeonato y evitó dar nada por hecho.
De hecho, las condiciones estuvieron cerca de modificar sus planes. «El último día la pista había caído en aguacero y me planteé no correr la yegua», recuerda. Finalmente, Nordés D salió a pista y confirmó el estado de forma con el que había llegado a la competición, culminando el fin de semana con el título autonómico.
La historia de la nueva campeona gallega junto a Dopico comenzó cuando tenía seis años. «Llegó conmigo muy verde, estaba recién desbravada», recuerda. Desde sus primeras experiencias en competición, sin embargo, mostró una característica que continúa definiéndola: su instinto para encontrar cada obstáculo.
«Desde el primer día que la metiste en una pista de concurso, lo único que hace es buscar saltos. Busca saltos, busca dónde ir siempre», explica. Dopico la define como una yegua «muy, muy, muy limpia», además de valiente y saltadora. Una montura a la que se le puede pedir galope y montar hacia delante, características que han ido consolidando una relación construida durante años y que ahora suma este nuevo éxito.
Nordés D no es, sin embargo, el único caballo alrededor del que gira actualmente su trabajo. En la cuadra cuentan también con varios caballos jóvenes de cinco, seis y siete años, dentro de un proyecto que une competición, formación y desarrollo de caballos.
Entre sus próximos compromisos aparece Catuxa, con la que tiene previsto acudir al Campeonato de Menores en juveniles. Posteriormente, llegará el Campeonato de ANCADES de potros. El tramo final de la temporada incluirá además los Campeonatos de España, tanto el Clásico como el de Potros, antes de conceder un periodo de descanso a los caballos y comenzar a preparar la próxima temporada.
Pero una de las facetas que mejor permite entender la filosofía de Dopico es la de entrenador. Actualmente trabaja con alrededor de 14 alumnos, con perfiles y aspiraciones muy diferentes. Algunos son jóvenes que compiten y quieren acudir a campeonatos y aumentar progresivamente la altura, mientras que otros viven la equitación desde un planteamiento más amateur y buscan, fundamentalmente, disfrutar y aprender con sus caballos.
Con todos ellos persigue una misma idea: la autonomía. «Intento hacer a la gente que monta conmigo lo más autónoma posible, enseñarles y darles herramientas para que no dependan de un profesor que les esté diciendo todo».
El objetivo es que sus alumnos comprendan el trabajo que realizan y sean capaces de mantener una rutina con sus caballos incluso cuando él no está presente. De este modo, reserva para los días en los que puede acompañarlos personalmente aquellas partes más complejas del entrenamiento.
Esta filosofía está estrechamente relacionada con otro concepto que considera fundamental: la autocrítica. Dopico intenta transmitirla tanto ante los buenos resultados como ante los malos, especialmente a los más jóvenes, en un deporte condicionado por multitud de factores.
El tiempo, los medios económicos, el caballo, las instalaciones, el entrenamiento o las posibilidades personales pueden determinar el camino de cada jinete o amazona. Por eso, su mensaje no se centra exclusivamente en los triunfos. «Lo que trato de inculcarles es que disfruten del caballo y que sean autocríticos».
Para él, mejorar, evolucionar, estar satisfecho con el trabajo realizado y conservar la capacidad de disfrutar de la afición tiene un valor especial, independientemente de que el resultado final coincida exactamente con la meta inicialmente imaginada.
Esa misma manera de pensar se traslada a su trabajo con los caballos. Dopico evita establecer plazos rígidos porque considera que son ellos quienes terminan marcando los tiempos. «No me gusta decir que este caballo tiene que hacer esto en tal fecha, porque creo que los objetivos, los plazos y los tiempos los marcan los caballos».
Su propósito cuando comienza a trabajar con un caballo —y también cuando recibe a un alumno— es intentar extraer el máximo de sus cualidades físicas, técnicas y psicológicas, respetando siempre el ritmo individual. «No todos los niños se pueden apretar de la misma manera ni entrenar de la misma manera, igual que los caballos».
Por ello, aunque reconoce que es posible establecer objetivos, advierte del riesgo de convertirlos en una obligación que termine provocando errores. Su prioridad es otra: «Que salten bien, que estén cómodos, que estén sanos y que después, el día que tengan que hacer algo importante, haya esa suerte, haya ese momento y salga todo bien».
Paralelamente, su proyecto hípico ha ido creciendo con los años. Actualmente cuenta con aproximadamente 25 o 30 caballos y unas instalaciones que han evolucionado junto al número de animales y alumnos. Dopico valora positivamente ese crecimiento, aunque tampoco pretende convertirlo en una carrera por aumentar continuamente sus dimensiones.
«Estoy contento y eso es disfrutar del día a día, disfrutar de que estás trabajando en tu casa, con tu gente, con lo tuyo y no depender de gente de fuera», señala.
Tras el oro gallego, el calendario todavía reserva varias competiciones importantes antes de cerrar la temporada. Después llegará el momento de bajar el ritmo durante dos o tres meses, disputar concursos más cercanos junto a sus alumnos y continuar formando a los caballos pensando en el próximo año.
El título conseguido con Nordés D se incorpora así a una trayectoria en la que el resultado deportivo convive con una idea mucho más amplia de la equitación. Para José Milán Dopico, el éxito no consiste únicamente en ganar un Campeonato, sino también en desarrollar caballos respetando sus tiempos, formar jinetes y amazonas capaces de comprender lo que hacen y seguir disfrutando de un proyecto construido alrededor de los caballos y de las personas que lo acompañan.






