Necmi Eren ha crecido rodeado de caballos, pero el camino que ahora le lleva hasta los FEI World Championships Aachen 2026 ha exigido mucho más que una vida vinculada desde niño al mundo ecuestre. El jinete turco afrontará en Alemania su primer Campeonato del Mundo de Salto junto a PSS Levilensky, cumpliendo uno de aquellos sueños que comenzaron cuando todavía veía Aachen desde la distancia e imaginaba cómo sería algún día entrar en su pista.
Eren comenzó a montar en la finca de caballos de sus padres. Su familia ya estaba profundamente vinculada al sector y su relación con los caballos surgió de manera natural. También jugó al fútbol cuando era más joven y reconoce que siempre ha tenido un carácter competitivo y ambicioso, pero encontró en la equitación algo diferente.
“La conexión con el caballo fue lo que hizo que el deporte ecuestre fuese diferente para mí”, explica a Chacco Info. Se define como una persona sensible a la energía que le rodea y asegura que esa forma tan particular que tienen los caballos de comunicarse terminó conquistándole. “La combinación de competición, ambición y la relación que construyes con un animal es lo que finalmente hizo que me enamorase del deporte”.
A lo largo de su trayectoria ha habido caballos determinantes. Además de PSS Levilensky, Eren recuerda especialmente a Nectar des Roches, que llegó a su vida de manera inesperada y que, según reconoce, era exactamente el tipo de caballo con el que siempre había soñado.
Tuvo que esperar varios meses antes de poder comenzar a montarlo y competir con él, pero una vez que formaron binomio, llegó un periodo extraordinario de resultados. Sin embargo, la huella de Nectar fue mucho mayor que los éxitos deportivos.
“Cambió la manera en la que me veía como jinete. Me dio la oportunidad de descubrir de lo que realmente era capaz”, recuerda. Los resultados conseguidos juntos le hicieron comprender que tenía el potencial necesario para llegar a los niveles más altos del deporte. “Me dio confianza en mí mismo, pero, sobre todo, me dio el valor para soñar más alto”.
Ahora ese recorrido le conduce a Aachen. Eren asegura que competir allí representando a Turquía es algo con lo que ha soñado desde niño y describe como “indescriptible” el momento en el que recibió la confirmación de su selección.
Para el jinete, llegar hasta este Campeonato también supone mirar hacia atrás y recordar los sacrificios, los momentos difíciles, las decepciones y todo el trabajo que normalmente permanece lejos de la mirada del público. “Recibir esa confirmación fue como demostrar que cada parte de este viaje, tanto la positiva como la negativa, había valido la pena”. Aachen será su primer Campeonato del Mundo y vestir los colores de Turquía otorga todavía mayor significado a todos esos años.
Además, el país acudirá con un equipo completo de Salto, integrado por Necmi Eren, Alessia Arrigo Zazadze, Derin Demirsoy y Hasan Senturk. Una circunstancia que el jinete interpreta como reflejo del crecimiento que está experimentando la equitación turca.
“Realmente es un sueño hecho realidad. Cada año podemos ver cómo el deporte ecuestre turco progresa y se hace más fuerte”, señala. Eren habla de un profundo orgullo por representar a su país y asegura que, cuando compite con el equipo nacional, siente que lo hace por algo mucho mayor que él mismo.
Aunque cada miembro del equipo tiene su propio estilo, trayectoria y forma de trabajar, considera que esas diferencias son precisamente una de sus fortalezas. Lo que los une, afirma, es “el amor y el respeto” que sienten por Turquía, además de la ambición compartida de llevar al país hasta el máximo nivel del deporte internacional.
Existe, en sus palabras, una convicción común de que pueden conseguir algo importante para Turquía. “Tenemos el impulso de convertirnos algún día en una de las mejores naciones de este deporte y, sobre todo, no perdemos la esperanza. Esa ambición compartida y ese orgullo nacional son los que crean el vínculo más fuerte entre nosotros”.
Aachen llegará para Eren junto a PSS Levilensky, un Hannoveriano de 15 años que entró en su vida hace casi dos temporadas. Su madre fue quien lo vio en las cuadras y tuvo desde el primer momento la sensación de que era el caballo adecuado para su hijo, algo especialmente significativo porque, según Eren, ella ha desempeñado durante toda su carrera un papel fundamental a la hora de seleccionar caballos.
Levilensky llegó con una enorme experiencia y una sólida formación, pero para Eren su verdadera particularidad está en su carácter y en el vínculo que han construido.
En casa lo describe como “un gran cachorro”: cariñoso, juguetón y con una enorme personalidad. Sin embargo, todo cambia cuando entra en pista. “Se convierte en una máquina, completamente concentrado. Es casi como si supiera cuándo tiene que rendir y cambiase inmediatamente de mentalidad”.
Si existe una enseñanza que Eren destaca por encima de las demás después de estos años juntos, es la confianza. “Levilensky me ha enseñado a confiar. Cuando entro en la pista con él, sé que está ahí para mí. Saber que tu caballo luchará contigo y te dará todo lo que tiene es muy difícil de describir”.
Pero ganarse esa confianza también ha requerido tiempo. Eren explica que Levilensky es un caballo extremadamente inteligente que necesita respetar y confiar realmente en la persona que lleva encima. Por ello, el jinete ha aprendido que no puede limitarse a exigirle, sino que debe comunicarse con él, comprenderlo y escuchar lo que necesita.
“Cuando confía en ti, lucha por ti y te da todo lo que tiene”. Una relación que, reconoce, también le ha permitido conocerse mucho mejor a sí mismo como jinete.
Los buenos resultados que ambos han conseguido antes del Campeonato también tendrán un peso importante a su llegada a Aachen. Eren considera fundamental presentarse en un gran campeonato después de haber demostrado previamente que el binomio es capaz de rendir bajo presión.
Esos resultados aportan confianza, pero también refuerzan la relación entre caballo y jinete. “No llegas a un campeonato preguntándote qué puede pasar; ya tienes pruebas de aquello de lo que sois capaces juntos”.
Precisamente por la experiencia de Levilensky, la preparación de los últimos meses no se ha basado en demostrar constantemente en los entrenamientos que puede afrontar grandes recorridos. A sus 15 años, la prioridad ha sido mantenerlo feliz, sano y en las mejores condiciones posibles.
Eren quiere que llegue a Aachen sintiéndose bien física y mentalmente y considera que una parte fundamental de esa preparación ha sido simplemente conservar la relación que ya tienen. “Con Levilensky, gran parte de nuestro rendimiento procede de la confianza y del entendimiento entre nosotros”.
Aachen, además, tiene un significado especial. Eren recuerda haber seguido la competición desde pequeño e imaginar cómo sería encontrarse algún día dentro de aquella pista. Ahora lo hará en un Campeonato del Mundo y representando a Turquía.
Sin embargo, llegar hasta allí no significa que se conforme con participar.
“No quiero llegar a Aachen simplemente feliz por estar allí. Ha sido mi sueño competir allí, pero ahora que lo he conseguido quiero rendir”. Su intención es clasificarse para la final y darse la oportunidad de luchar por el mejor resultado posible para su país.
Una parte esencial de la carrera que le ha permitido alcanzar este nivel se ha desarrollado fuera de Turquía. Durante los últimos seis años, Eren ha estado establecido en Países Bajos, una decisión que reconoce que transformó completamente su vida.
Considera que competir internacionalmente ha sido imprescindible para su crecimiento. Frente a regiones con una gran tradición ecuestre como Europa o Estados Unidos, el deporte todavía está desarrollándose en Turquía y llegó un momento en el que comprendió que, si quería alcanzar el nivel con el que soñaba, tenía que salir del país.
En Países Bajos vive rodeado diariamente de caballos, grandes jinetes, competiciones y profesionales. “Estás constantemente expuesto a los estándares más altos y eso, de manera natural, te obliga a mejorar”.
Su vida gira prácticamente por completo alrededor de los caballos: entrena, compite y viaja durante todo el año. “A veces bromeo diciendo que, si vives suficiente tiempo en Países Bajos y trabajas en el deporte ecuestre, casi terminas convirtiéndote tú mismo en un caballo”. Detrás de la broma existe también una realidad: el deporte se ha convertido en su forma de vida y esa decisión ha implicado importantes sacrificios.
Esa experiencia también ha condicionado su filosofía a la hora de desarrollar caballos jóvenes. Para Eren, el primer ingrediente es la paciencia.
Considera un error obsesionarse con aquello que un caballo todavía no puede hacer y defiende centrarse en lo que puede mejorarse y en cómo ayudarlo a alcanzar resultados a largo plazo. Pero, sobre todo, insiste en la necesidad de creer verdaderamente en cada caballo.
“Los caballos pueden sorprenderte enormemente”. En su opinión, si desde el principio un jinete decide que un caballo únicamente tiene capacidad para saltar 1,35 metros y lo entrena pensando siempre dentro de ese límite, posiblemente nunca llegue a descubrir de qué habría sido realmente capaz.
También rechaza que el éxito de todos los caballos deba medirse por su capacidad para convertirse en caballos de Gran Premio de 1,60 metros. Para él, si el potencial real de un caballo es 1,35 y el jinete consigue ayudarle a convertirse en el mejor caballo de 1,35 que puede ser, eso también es éxito.
“Mi trabajo como jinete no es hacer de cada caballo el mejor caballo del mundo; es darle a cada uno la oportunidad de convertirse en la mejor versión de sí mismo”.
Esta filosofía está estrechamente ligada al trabajo que desarrolla junto a su madre dentro del negocio ecuestre. Entre ambos han formado un interesante grupo de caballos jóvenes pensando en que, con tiempo, paciencia y una formación adecuada, puedan ocupar en el futuro el lugar de sus actuales caballos de máximo nivel.
Trabajar con ejemplares muy diferentes también le ha enseñado a no depender de un único sistema. Cada caballo tiene su carácter, su manera de aprender y de comunicarse con el jinete. Cuantos más tipos diferentes de caballos monta, asegura, mejor comprende lo que necesita cada uno.
“Hay que ser adaptable”. En lugar de esperar que todos los caballos se adapten a él, Eren intenta escuchar, ajustar su forma de trabajar y aprender constantemente de ellos.
Su familia ha sido, precisamente, uno de los pilares de todo este camino. Eren habla con especial agradecimiento de sus padres y asegura que nunca ha sentido que esta aventura fuese únicamente suya.
Su madre, Serpil, ocupa un lugar fundamental. Destaca su extraordinario instinto para los caballos y la importancia que ha tenido en la gestión de su carrera, desde la selección de caballos hasta la planificación de competiciones y otras decisiones relacionadas con su desarrollo.
De su padre destaca, sobre todo, su capacidad de trabajo. “Probablemente sea la persona más trabajadora que he conocido”. Eren asegura que ha pasado toda su vida viéndolo trabajar para proporcionarle las oportunidades necesarias para perseguir su carrera y apoyar sus sueños.
Los dos, desde lugares diferentes, han realizado enormes sacrificios. “Todo lo que consigo en este deporte les pertenece tanto a ellos como a mí”.
También piensa en sus mozos cuando habla de las personas que estarán detrás de su participación en Aachen. Son quienes conviven diariamente con sus caballos y los cuidan como si fueran propios. Para Eren, el éxito al máximo nivel nunca puede atribuirse exclusivamente al jinete y al caballo.
“Aachen puede tener mi nombre y el de Levilensky en la lista de salida, pero haber llegado hasta allí les pertenece a todos ellos”.
Eren observa además con optimismo el momento que vive el Salto turco. Cree que el deporte ha experimentado un crecimiento significativo en los últimos años gracias al compromiso de jinetes, propietarios, familias y equipos que han invertido en competir internacionalmente y elevar el nivel.
La presencia de jinetes turcos en campeonatos y grandes competiciones internacionales es cada vez más habitual, algo que considera una señal de que el país avanza en la dirección adecuada. Sin embargo, también entiende que todavía queda trabajo por hacer.
Turquía no posee la misma tradición ecuestre que otros grandes países del sector y, a su juicio, el deporte aún no recibe el mismo nivel de apoyo institucional. Por eso defiende la creación de un proyecto mucho más amplio, estructurado y pensado a largo plazo, en el que Gobierno, Federación, jinetes y el conjunto de la industria trabajen hacia unos mismos objetivos.
“Los jinetes individualmente pueden conseguir mucho, pero si queremos que Turquía tenga éxito internacional de forma constante, necesitamos un sistema detrás de ellos”.
Para Eren, es necesario pensar no solamente en un campeonato o en una generación, sino establecer un camino para que los jóvenes puedan llegar regularmente a Juegos Olímpicos, Campeonatos del Mundo, Finales de la Copa del Mundo y Copas de Naciones.
“El talento y la ambición ya están ahí. Ahora el siguiente paso es conseguir que todos trabajemos juntos en un proyecto a largo plazo que convierta los éxitos individuales en un éxito sostenible para el deporte ecuestre turco”.
Y Aachen tampoco representa para él un destino final. Alcanzar su primer Campeonato del Mundo no ha reducido sus ambiciones. Al contrario, las ha reforzado.
Los Juegos Olímpicos siguen siendo su gran sueño, pero Eren no quiere que alcanzar determinados campeonatos sea algo excepcional en su trayectoria. Quiere competir en ellos de forma habitual, regresar siendo mejor jinete cada vez y lograr que ese nivel deje de ser un lugar al que llega ocasionalmente para convertirse en aquel al que pertenece.
“Cada campeonato y cada gran competición son otra oportunidad para ganar experiencia, mejorar como jinete y prepararnos para el siguiente paso. Aachen es un enorme hito, pero no lo veo como el destino”.
Su aspiración final es todavía mayor. “Quiero seguir elevando el nivel año tras año y, algún día, mi objetivo no es simplemente competir en unos Juegos Olímpicos, sino luchar por una medalla olímpica para Turquía”.
Antes llegará Aachen. Y cuando el Campeonato termine, Eren sabe perfectamente qué tendría que ocurrir para marcharse satisfecho.
Quiere abandonar Alemania con la tranquilidad de saber que él y PSS Levilensky dieron absolutamente todo lo que tenían, que no dejaron de luchar hasta el último momento y que nunca perdieron la confianza el uno en el otro.
Eso no significa que renuncie a la máxima ambición.
“Voy allí porque quiero ganar”, reconoce. Sea cual sea el resultado final, quiere regresar sabiendo que ambos lucharon y rindieron al máximo de sus posibilidades. Si consigue sentir eso, asegura, estará orgulloso de lo que hayan logrado juntos.
Aunque termina dejando espacio para una última sonrisa: “Y, por supuesto, ganar tampoco sonaría nada mal”.








