La amazona nacida en Nigeria y criada en Kenia atesora tres citas olímpicas y dos participaciones en Campeonatos del Mundo representando a República Dominicana. Hoy, desde Asturias, compagina la competición con su trabajo como entrenadora internacional.
Versalles, agosto de 2024. Yvonne Losos de Muñiz termina su reprise del Gran Premio, se baja de Aquamarijn y le cuesta contener las lágrimas. Era su tercera cita olímpica y, sobre todo, la última competición de la yegua, que con 19 años era la más veterana de la pista.
En Río 2016 montó a Foco Loco W. Fue el debut de la Doma dominicana en unos Juegos. Después llegó Aquamarijn en Tokio, y con la que repitió en París.
De la sabana a Marbach
Para entender cómo llegó hasta ahí hay que irse muy lejos de las pistas. Nació en 1967 en Nigeria y se crio en Kenia, donde a la salida del colegio montaba entre fauna salvaje. Cuando era adolescente se trasladó a Alemania para formarse en Marbach.
Empezó compitiendo en Salto. El cambio a la Doma llegó años después, durante una estancia en Santo Domingo en casa de Manuel Vidrié y su familia, mientras esperaban la llegada de unos caballos Pura Raza Española. Allí vio una forma de montar que la apasionó y que le recordó a la equitación africana de su infancia. Desde entonces compite en Doma Clásica y siempre bajo bandera dominicana, aunque ha vivido en varios países.
Veinte años de calendario
Su carrera no se explica solo por los Juegos Olímpicos. Ha estado en Juegos Panamericanos, en Juegos Centroamericanos y del Caribe… Se ha llevado medallas en San Salvador 2002, Santo Domingo 2003, Río de Janeiro 2007, Mayagez 2010, Veracruz 2014, Bogotá 2018 y Santo Domingo 2023.
Ha disputado tres finales de la Copa del Mundo (París 2018, Gotemburgo 2019 y Leipzig 2022) y los Campeonatos del Mundo de Herning 2022 y Aachen 2026. Son resultados poco habituales para una amazona de un país sin tradición en la disciplina.
Desde Asturias, donde vive y que considera su segunda casa, ejerce como entrenadora internacional, y es una faceta que disfruta. Explica que le gusta ayudar a otros jinetes a llegar a sus metas y ahorrarles errores que ella misma cometió.
Su método con los caballos es consecuente con esa idea. Trabaja con paciencia, intercala pausas y cambia de ejercicio para que el caballo no sienta la sesión como una carga. Premia desde los primeros trancos correctos, sin insistir en la misma sesión cuando el caballo ya ha entendido lo que se le pide. Considera que ese exceso de insistencia es uno de los errores más frecuentes al enseñar el piaffé y el passage, por ejemplo.









