Santiago Rodríguez · Nov 1, 2026
A pocas semanas de SICAB, y con España todavía conmocionada por el accidente de Urda, la historia de Senador MIBXXI, el PRE de Yeguada Haras de San Blas, nos recuerda lo que el caballo enseña sobre caer y volver a ponerse en pie.
Hay noticias que detienen un país en seco. El miércoles 28 de octubre, en Urda, dos trenes de alta velocidad que iban hacia Sevilla no llegaron nunca a Santa Justa. Llevaban lo que llevan todos los trenes del sur en otoño: gente que vuelve a casa, gente que va a trabajar, gente a la que alguien esperaba en un andén. Desde entonces España anda con el paso cambiado, como el caballo que pierde la cadencia y no sabe cómo recuperarla.
Me pidieron que escribiera sobre el caballo y durante días no supe hacerlo. Me parecía casi impúdico hablar de belleza mientras tantas familias esperaban una llamada. Al final entendí que quizá sea precisamente el caballo quien mejor puede explicarnos qué nos toca hacer ahora.
El patito feo de la camada
En la vega del Guadiana, entre seis mil merinas, Camino Limia y Joaquín Ortiz crían caballos en su Yeguada Haras de San Blas. Hace cinco años les llegó un potro de seis meses, el más pequeño y desgarbado de la camada de 2021. Nadie entendió aquella elección. Había hermanos más vistosos, más hechos, de esos que llaman la atención desde la cerca. Camino, sin embargo, había visto algo que los demás no vieron.
Un día, cuando llevaban a los potros hacia la manga, se lo llevaron por delante. Cayó, rodó por el suelo, y se levantó. No se quedó atrás, acobardado y solo, como habría hecho cualquier potro pequeño. Volvió de frente a la manada como si nada hubiera pasado. Camino dice que se levantó como un campeón, y que esa imagen se le quedó grabada para siempre. A veces, en la cría, todo consiste en saber mirar lo que el caballo lleva dentro.
Un otoño sin red
Ese potro es hoy Senador MIBXXI. Este otoño se jugó su plaza en SICAB en los dos últimos concursos del año, Segovia y Lorca, sin margen de error y frente a campeones del mundo de otras ediciones. Salió de Segovia como campeón absoluto de movimientos y de Lorca con la plata en funcionalidad. Víctor Fabregat, que lo presenta, dice de él que no se arruga y que lo da todo cada vez que sale a pista.
Las últimas semanas han sido para Senador una ginkana que ningún animal merece: hubo incluso quien quiso quitarle la vida. Sigue en pie. Sigue saliendo a la pista como sale siempre, porque no sabe hacerlo de otra manera.
El jinete que se atrevió
En medio de esa tormenta apareció Cristian Tudela. Murciano, formado en la Real Maestranza de Caballería de Ronda y al lado de José Antonio García Mena, pasó ocho años en Dinamarca, en Helgstrand y en Blue Hors, antes de volver a España buscando un gran caballo español con el que presentarse. Lleva menos de un mes con Senador y ya tienen fecha en Sevilla.
No es un encargo cómodo. Antes que él pasaron por la silla de Senador dos jinetes olímpicos con un palmarés enorme, y ninguno de los dos siguió en el proyecto. Cristian sabe que en FIBES le van a comparar con ellos, y aun así dijo que sí. En este mundo eso tiene un nombre: afición. De Senador destaca la calidad de sus tres aires, algo que en el caballo español no abunda, y cuenta que el caballo ya se siente en casa.
Camino suele decir que Senador elige con quién trabaja: necesita a alguien que le transmita confianza, y cuando la encuentra se transforma. A veces un binomio nace así, del que se sube cuando otros se han bajado.
Lo que no sale en la foto
Quienes viven este mundo saben que la foto engaña poco pero cuenta poco. El brillo de la capa, el cuello arqueado y el aplauso de FIBES son el final de una historia larga: madrugadas de cuadra, el herrador que llega antes que el sol, el mozo que conoce el humor del animal por cómo mueve las orejas, el presentador que corre a su lado sin dejar de mirarlo. El caballo enseña paciencia porque no admite atajos. Lo que no se construye despacio, se rompe. En Haras de San Blas lo saben: el trote de Senador todavía está en obra, y han decidido no apresurarlo.
Hay otra lección que el caballo nos da sin pedir nada a cambio. Es un animal de manada, y la manada no avanza dejando atrás al que cae. Se detiene, lo espera, lo rodea. Eso es lo que hoy necesitan las familias de Urda: que el país no siga su camino como si nada, que se detenga con ellas el tiempo que haga falta.
Camino de Santa Justa
Del 17 al 22 de noviembre Sevilla volverá a llenarse de caballos. Senador no viajará en AVE; irá por carretera, a su paso, como han viajado siempre los caballos. Nosotros sí subiremos al tren, camino de Santa Justa, la misma estación a la que se dirigían aquellos dos convoyes. Lo haremos con un nudo en la garganta y con el recuerdo permanente de las víctimas y de quienes las lloran.
Cuando Senador entre en la pista, me acordaré de aquel potro pequeño que rodó por el suelo y volvió de frente a la manada. Levantarse como un campeón no es no caer nunca. Es volver a ponerse en pie y no hacerlo solo. Senador tiene a Camino y a Joaquín, que nunca dejaron de creer en él, y a un jinete que se subió cuando otros se bajaban. Ojalá España sepa hacer lo mismo, y ojalá lo haga sin olvidar a ninguno de los que no llegaron.










