Con el final del invierno y el aumento progresivo de la actividad en pistas exteriores, febrero y marzo se convierten en el momento idóneo para revisar a fondo el material ecuestre.
Más allá de limpiar la silla o cambiar mantillas, existen elementos técnicos que con frecuencia pasan desapercibidos y que pueden comprometer tanto la seguridad del jinete como el bienestar del caballo.
Las cinchas, latiguillos y costuras sufren especialmente con la humedad y los cambios de temperatura. El cuero puede resecarse, agrietarse o perder elasticidad, incluso cuando a simple vista parece en buen estado. También conviene comprobar el estado interno de las hebillas y anillas metálicas, donde la oxidación puede avanzar sin ser evidente.
En el caso de las sillas, resulta recomendable revisar el estado del armazón y verificar que el ajuste sigue siendo adecuado. Durante el invierno, algunos caballos modifican su condición corporal, ya sea por menor carga de trabajo o por variaciones en la alimentación. Un cambio leve en la musculatura dorsal puede alterar el reparto de presiones.
No deben olvidarse los protectores, vendas y cabezadas. Las costuras debilitadas, los velcros desgastados o las piezas mal ajustadas pueden provocar rozaduras o accidentes evitables.
Realizar una revisión minuciosa antes del inicio de la temporada primaveral permite detectar fallos ocultos y planificar sustituciones con tiempo, favoreciendo entrenamientos más seguros y cómodos para ambos.












