Antes de conquistar el oro olímpico, levantar títulos europeos y convertirse en uno de los nombres más influyentes de la historia del Salto internacional, Alwin Schockemöhle ya había encontrado una compañera que marcaría el inicio de su extraordinaria trayectoria: la yegua Ramona.
A comienzos de la década de los sesenta, cuando el jinete alemán todavía estaba construyendo su carrera deportiva, Ramona fue una de las monturas que le permitió abrirse paso en el circuito nacional e internacional. En una época en la que el deporte ecuestre estaba muy lejos de la profesionalización actual, la compenetración entre ambos ayudó a consolidar el estilo de monta que años más tarde convertiría a Schockemöhle en una referencia mundial. Existen fotografías históricas que muestran al binomio compitiendo ya en 1962, reflejando el papel que desempeñó la yegua en los primeros años de su carrera.
Con el paso de los años llegarían caballos que escribirían páginas imborrables en la historia del salto, como Donald Rex, Wimpel o, especialmente, Warwick Rex, con el que conquistó el oro individual en los Juegos Olímpicos de Montreal 1976, además de proclamarse campeón de Europa individual y por equipos en 1975. A lo largo de su carrera también sumó cuatro títulos de campeón de Alemania y tres victorias en el Gran Premio de Aachen, consolidándose como una de las grandes figuras del salto del siglo XX. Sin embargo, el propio recorrido deportivo de Schockemöhle no puede entenderse sin aquellos primeros caballos que cimentaron su experiencia en la alta competición, entre ellos Ramona.
La historia de Alwin Schockemöhle también está estrechamente ligada a la de su hermano menor, Paul Schockemöhle. Ambos defendieron durante años los colores de Alemania en las principales competiciones internacionales, formando una de las parejas de hermanos más exitosas que ha dado el Salto de Obstáculos. Juntos integraron el equipo alemán que conquistó la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Montreal 1976 y, una vez retirados de la alta competición, continuaron dejando una profunda huella en el deporte como criadores y comerciantes de caballos de primer nivel, contribuyendo decisivamente al desarrollo de la industria ecuestre alemana.
Aunque la historia suele recordar a los grandes campeones por sus victorias más importantes, detrás de cada leyenda siempre hubo un primer caballo capaz de abrir el camino. En el caso de Alwin Schockemöhle, ese nombre fue Ramona, la yegua con la que comenzó una de las carreras más brillantes que ha conocido el salto internacional y cuyo recuerdo sigue formando parte de la historia de uno de los grandes iconos de la equitación alemana.











