Cualquier jinete o amazona sabe bien lo que significa la satisfacción de un buen paseo, recorrido o reprise. Montar a caballo es un privilegio que quienes lo vivimos entendemos como algo más que un deporte.
Es una pasión que se infiltra en nuestra vida y se convierte en parte de lo que somos, pero que también exige esfuerzo y sacrificio. Esto nos lleva a desarrollar valores fundamentales como la paciencia, la perseverancia y el respeto. Montar a caballo implica aceptar que habrá días buenos y días malos, que caeremos y nos levantaremos, pero siempre con la determinación de mejorar y volver a intentarlo.
Gracias a ello, la equitación enseña a ser constantes, a confiar en uno mismo y a comprender que los logros son el resultado de un trabajo diario.
¿Qué momento recuerdas con una sonrisa en el rostro? ¡Nos encantaría leerlo!
-Redacción por Cristina Prado-
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