“Necesito más seguidores.”
Es, probablemente, una de las frases que más se repiten cuando una empresa habla de redes sociales. Parece que cuanto mayor es el número que aparece en Instagram, mayores son también las posibilidades de vender.
Pero ¿y si te dijéramos que no siempre es así?
Seguro que conoces negocios con miles de seguidores que apenas generan interacción. Publican, pasan los días y casi nadie comenta, comparte o pregunta por sus servicios. Y, al mismo tiempo, también habrás visto pequeñas empresas con comunidades mucho más reducidas que no dejan de recibir consultas y clientes.
La diferencia no suele estar en el número. Está en las personas que hay detrás de ese número.
No necesitas llegar a todo el mundo
Imagina un centro hípico con 800 seguidores. A simple vista puede parecer una cifra pequeña, pero ¿qué ocurre si la mayoría de esas personas viven cerca, montan a caballo o están buscando un lugar donde entrenar?
Ahora piensa en otra cuenta con 15.000 seguidores repartidos por todo el mundo, muchos de ellos casi sin interés por lo que muestra el perfil.
¿Cuál tiene más posibilidades de conseguir un nuevo cliente?
Llegar a más gente no siempre significa obtener mejores resultados. Lo importante es alcanzar a las personas adecuadas.
Un seguidor no siempre es un cliente
Es fácil dejarse llevar por las cifras. Celebramos cada nuevo seguidor y nos preocupamos cuando el número baja, pero la realidad es que un perfil lleno de followers no garantiza absolutamente nada.
Lo que de verdad importa es que las personas que te siguen confíen en tu trabajo, recuerden tu marca y piensen en ti cuando necesiten un servicio como el que ofreces.
Un cliente que vuelve una y otra vez vale mucho más que cientos de seguidores que nunca interactúan contigo.
En el mundo del caballo, la confianza pesa mucho
Nadie elige un veterinario, un entrenador, un centro hípico o una empresa de transporte únicamente porque tenga muchos seguidores. Antes pregunta, busca referencias, investiga y quiere asegurarse de que está tomando una buena decisión.
Una empresa que comparte su trabajo, muestra su día a día, explica sus proyectos y mantiene una imagen profesional transmite mucha más confianza que otra que solo aparece de vez en cuando. Por eso la comunicación es tan importante.
Las redes sociales son importantes… pero no lo son todo
A veces parece que todo depende de Instagram, cuando en realidad las redes sociales son solo una pieza más del puzle.
Muchos clientes descubren una empresa porque leen un artículo, encuentran su página web en Google, reciben una recomendación o ven una noticia en un medio especializado.
Cada uno de esos puntos de contacto ayuda a construir una imagen de marca sólida. Cuanto más coherente sea esa imagen, más fácil será que un cliente termine confiando en tu negocio.
Cambia la pregunta
Quizá ha llegado el momento de dejar de preguntarte cuántos seguidores tienes.
La pregunta es otra:
¿Cuántas personas pensarán en tu empresa cuando necesiten un producto o un servicio como el tuyo?
Ese es el objetivo de la comunicación. No acumular seguidores, sino construir una marca que la gente recuerde, en la que confíe y a la que quiera acudir cuando llegue el momento.
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