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Mihalis Kalarakis: «El caballo es un vehículo de libertad no expresada y una fuente inagotable de alegría»

La historia de Mihalis Kalarakis con los caballos comenzó casi por casualidad, con una bebida de naranja con gas entre las manos y sin sospechar que aquel primer encuentro terminaría transformando su vida. Dos décadas después, el jinete griego de Doma Paralímpica ha pasado por Campeonatos del Mundo, Europeos y unos Juegos Paralímpicos, convirtiendo aquella inesperada sensación de libertad sobre una yegua alazana en el motor de una trayectoria deportiva internacional.

Su primer contacto con la equitación terapéutica tuvo lugar un domingo de febrero de 2006. Llegó después de 18 meses en los que su logopeda de entonces, Anna Fovaki, había intentado convencerle de que se subiera a un caballo.

La respuesta afirmativa de Kalarakis, sin embargo, escondía inicialmente unas intenciones muy diferentes.

«Tengo que confesar que cuando dije que sí, en realidad no pretendía decir “sí”. Lo hice para que todos me dejaran tranquilo, aceptando simplemente ir a ver los caballos», recuerda.

Así llegó a las instalaciones de lo que actualmente es la Cretan Equestrian Academy. Sus padres trataron de distraerle ofreciéndole una bebida de naranja con gas. Mientras Mihalis estaba especialmente concentrado en las burbujas, apareció Marianna Grammatikaki, quien continúa siendo su entrenadora a día de hoy, llevando de la mano a Dimitra, una yegua alazana.

Antes de que pudiera darse cuenta de lo que estaba ocurriendo, escuchó: «¡Vamos, Michali! ¡Es hora de subir al caballo!».

Y subió.

El momento tenía todavía más significado teniendo en cuenta el enorme miedo a las alturas que sentía entonces y los importantes problemas de equilibrio que experimentaba incluso sentado en una silla. Esa sensación estuvo presente durante todo el tiempo que permaneció sobre Dimitra. Pero apareció también algo completamente nuevo.

La libertad.

«Lo que hizo que me dijera a mí mismo que no podía esperar hasta la próxima vez fue aquella indescriptible sensación de libertad que esa yegua alazana me enseñó».

Aquel primer encuentro en 2006 abrió un camino que, cinco años después, comenzaría a adquirir una dimensión competitiva. En septiembre de 2011 disputó su primera competición junto a Agni, una yegua blanca.

Kalarakis no identifica un único momento que explique el paso de la equitación terapéutica a la competición. Lo entiende como el resultado de su deseo natural de montar cada vez mejor y de ejercer una influencia positiva sobre cada caballo, unido a una serie de circunstancias que se produjeron en el momento adecuado.

Por aquel entonces, el deporte ecuestre de competición se encontraba todavía en una fase inicial de desarrollo en Creta, y Marianna Grammatikaki desempeñó un papel pionero en su organización. Para Mihalis, de alguna manera, el tiempo jugó a su favor.

El sueño paralímpico apareció en 2013. Sin embargo, tuvieron que pasar varios años hasta que aquella aspiración se transformara en un objetivo deportivo completamente definido.

El punto de inflexión llegó con su participación en el Campeonato del Mundo de Herning 2022. Competir allí le permitió conocer de primera mano el nivel de adaptación ecuestre que exige la competición internacional y confirmar que quería perseguir el deporte al máximo nivel.

En aquella experiencia hubo también un caballo fundamental.

«Estaré eternamente agradecido a Tony, mi compañero de baile en aquel momento, por haberme ofrecido una experiencia que me abrió los ojos».

Desde entonces, el camino internacional de Kalarakis ha estado marcado precisamente por una de las ideas que mejor resumen su manera de entender el deporte: las trayectorias de alto nivel nunca son perfectamente lineales.

Herning 2022, Riesenbeck 2023 y, posteriormente, los Juegos Paralímpicos de París 2024 fueron construyendo una experiencia en la que los momentos de mayor presión terminaron convirtiéndose también en algunas de sus mayores fuentes de aprendizaje.

«Lo que he aprendido de los grandes campeonatos internacionales y de los Juegos Paralímpicos es que la verdadera fortaleza y los “diamantes” se forjan bajo presión, no en condiciones ideales».

Cuando aparecen circunstancias inesperadas, su filosofía pasa por intentar ampliar un poco más los límites del rendimiento, pero siempre de una manera segura y adaptativa. Asumir que el camino nunca será completamente lineal le ayuda a mantener la resiliencia cuando los planes cambian.

Y pocos caminos representan mejor esa filosofía que el recorrido que le llevó hasta París 2024.

La preparación para los Juegos Paralímpicos estuvo llena de pequeñas y grandes victorias, decepciones, ansiedad y pérdidas personales de enorme peso emocional. Cada seis semanas parecía comenzar una nueva competición y, como él mismo recuerda, los aviones prácticamente terminaron convirtiéndose en autobuses urbanos.

En medio de aquel recorrido llegaron momentos que permanecen especialmente presentes en su memoria: un triplete de victorias junto a Eros en suelo británico, las invitaciones para competir en Qatar y, finalmente, alcanzar el escenario paralímpico de Versalles.

Entrar en la pista de Versalles tuvo para Mihalis un significado que trascendía cualquier resultado.

Después de toda la presión soportada y de las pérdidas personales que había tenido que gestionar durante el camino, aquel instante representó para él una profunda sensación de redención.

En los momentos más complicados, sin embargo, existe algo que permanece por encima de cualquier campeonato o clasificación: su amor por el caballo.

«Lo que me hace seguir adelante, por encima de todo, es mi profundo amor por el propio caballo, seguido de mi devoción por el deporte».

A ello se suma la confianza de quienes forman parte de su entorno. Especialmente Marianna Grammatikaki, con quien asegura haber formado con los años un auténtico «dúo dinámico», además de su familia y todas las personas que le apoyan.

También encuentra una fuente de inspiración en otros deportistas paralímpicos.

«Me inspira profundamente la perseverancia de mis compañeros paralímpicos. Encuentro inspiración en ella para honrar tanto sus esfuerzos como mi propio camino».

Precisamente su experiencia dentro del deporte paralímpico le lleva a reivindicar una manera diferente de observar la Doma Paralímpica. Kalarakis no quiere que la disciplina ni quienes compiten en ella sean contemplados desde la compasión.

Quiere que se hable de accesibilidad, inclusión y equidad.

«Me gustaría que la gente viera la Doma Paralímpica no a través de una mirada de simpatía, sino desde una verdadera accesibilidad, inclusión y equidad».

Para el jinete griego, el esfuerzo, la disciplina y el rendimiento deportivo exigidos dentro del deporte paralímpico son equivalentes a los de cualquier disciplina de élite. Por ello, considera fundamental que la atención se centre en el nivel deportivo y en la capacidad técnica de sus protagonistas, y no únicamente en la discapacidad.

Su trayectoria reciente vuelve a demostrar, además, hasta qué punto el deporte puede obligar a cambiar los planes de un momento a otro. Kalarakis tenía previsto estar presente en Aachen 2026 junto a Ferrero, pero finalmente no podrá competir. Una ausencia que no responde a ningún problema físico ni del jinete ni del caballo, sino a circunstancias relacionadas con la situación de Ferrero como caballo cedido.

Una situación difícil después de haber tratado de encontrar una solución hasta el último momento, pero también un nuevo ejemplo de esa realidad que Mihalis ha aprendido a aceptar durante su carrera: no todo aquello que condiciona el camino deportivo está bajo el control del jinete.

Su respuesta vuelve entonces a la misma filosofía construida en Herning, Riesenbeck y París: adaptarse, continuar y encontrar la forma de seguir avanzando.

Y cuando se le pide que resuma qué han aportado los caballos a su vida, Mihalis Kalarakis recurre a una metáfora inspirada en el escritor griego Nikos Kazantzakis.

«Para mí, el caballo es un vehículo de libertad no expresada y una fuente inagotable de alegría. Me proporciona los pinceles y los colores con los que crear mi propio pequeño paraíso».

Quizá sea precisamente esa imagen la que mejor conecta al deportista paralímpico que llegó hasta la pista de Versalles con aquel joven que, un domingo de febrero de 2006, únicamente había aceptado acercarse a ver unos caballos.

Entre ambos momentos se encuentran Dimitra, Agni, Tony, Eros, Ferrero, Marianna, Campeonatos del Mundo, Europeos, unos Juegos Paralímpicos, victorias, decepciones, presión y pérdidas. Pero la sensación que comenzó todo continúa siendo la misma: la libertad que encontró por primera vez a lomos de una yegua alazana.

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