Durante muchos años vimos en las pistas de competición la imagen inconfundible de esta amazona, que atrapaba todas las miradas con las impresionantes plumas que llevaba en el pelo. Plumas de distintos colores que iba cambiando a lo largo del año: a veces a juego con el evento en el que participaba, otras simplemente escogiendo tonos que evocaban llamas de fuego.
Ahora la amazona ha colgado las botas y, tras 30 años, se ha retirado de las pistas, y es cuando nos surge la pregunta: ¿qué ocurrió con todas aquellas plumas? En una entrevista reciente con Francesca Zazza en FZ Equestrian, Danielle G. Waldman contó que cada uno de esos peinados requería unas cinco horas de preparación. Una vez colocadas, podía lavarse el pelo con normalidad y, para montar, recogía la melena en una cola que mantenía las plumas firmes y en su sitio.
Explicó también que casi ningún caballo suyo se asustó por el tocado, aunque sí sucedió alguna vez que, al cruzarse con otro binomio, los colores sorprendieran al animal. Lo más llamativo es la evolución: si en su primera aparición lució unas 250 plumas, con el tiempo llegó a llevar tocados de casi 3.000.
¿Y qué hizo con todas ellas? A lo largo de los años las fue guardando y, ahora que se dedica a la comunicación y a otros proyectos vinculados con la hípica, encargó a una amiga artista la creación de un mural para su oficina. Ese mural reúne 50.000 plumas, muchas de ellas cargadas de recuerdos personales: las de su boda, las de un campeonato especial, las de momentos clave de su carrera. El resto las ha donado a una escuela de moda en Ámsterdam, donde seguirán inspirando creatividad.
Una curiosa historia de una amazona que convirtió su melena en un símbolo de color y personalidad dentro de las pistas.














