Durante los meses de invierno, muchos caballos pasan más horas en el box debido a la climatología adversa y a la reducción de horas de luz.
Aunque esta práctica responde a necesidades logísticas y de manejo, la estabulación prolongada puede tener efectos relevantes en el comportamiento y en el equilibrio emocional del equino.
El caballo es una especie social y gregaria, diseñada para el movimiento constante y la interacción con otros individuos. La limitación del espacio y la disminución del contacto social pueden generar frustración, apatía o, en el extremo opuesto, conductas repetitivas conocidas como estereotipias. Balanceos, movimientos compulsivos de cabeza o apoyo reiterado sobre la puerta del box son señales que no deben interpretarse como simples “manías”.
Además, la falta de estímulos y de ejercicio libre influye en la respuesta del caballo cuando retoma una rutina de trabajo más intensa. Algunos equinos muestran mayor reactividad, dificultad para concentrarse o resistencia a determinadas órdenes, conductas que en ocasiones se atribuyen erróneamente a problemas de doma.
La transición hacia la primavera es un momento adecuado para planificar una vuelta progresiva al paddock y a las dinámicas sociales. Incrementar las horas de suelta de forma gradual, introducir enriquecimiento ambiental en el box y ajustar el entrenamiento a la condición física real del caballo puede facilitar una adaptación más equilibrada.
Y es que, sin una buena base y calidad de vida del caballo, poco se les puede exigir deportivamente hablando.












