La transición de las categorías de menores al Gran Premio absoluto es, probablemente, uno de los momentos más exigentes en la carrera de cualquier jinete de Doma Clásica. Para Júlia Álvarez, ese cambio ya está en marcha tras cerrar la pasada temporada su última etapa en U25, una categoría que ha sido muy importante en su evolución deportiva.
Con la mirada puesta en el futuro y rodeada de una cantera de caballos en pleno crecimiento, la amazona afronta esta nueva fase con ilusión, paciencia y un objetivo: seguir aprendiendo y avanzar, paso a paso, hacia el Gran Premio.
Una etapa exigente que marca el rumbo
La categoría U25 es para muchos jinetes el último peldaño antes del salto a las pruebas absolutas, y para Júlia ha sido una etapa tan formativa como emocional. “La etapa de U25 me ha hecho aprender mucho y la he disfrutado a partes iguales. Es una categoría complicada antes de dar el salto a Gran Premio, que te enseña y ayuda muchísimo”, explica.
El final de esta fase no estuvo exento de emociones. Como ocurre con muchos jinetes que dejan atrás las categorías de menores, la despedida tuvo un punto inevitable de nostalgia. “Me despedí con tristeza, porque se han acabado los años en las categorías de menores, pero también con mucha ilusión por el futuro”.
Una de las grandes aportaciones de U25 es la introducción y consolidación de los ejercicios propios del Gran Premio, que requieren precisión, sensibilidad y una conexión total con el caballo.
“Creo que se aprende muchísimo en U25 porque es el paso anterior al Gran Premio. Empiezas a trabajar piaffé, passage, cambios al tranco… aprendes a gestionar ejercicios más complicados y también a resolver problemas que pueden surgir durante pruebas más exigentes”.
Un proceso que se construye en casa, sin prisas
El paso al Gran Premio no se improvisa, y Júlia lo sabe bien. La transición que está viviendo actualmente se está desarrollando con calma y planificación. “Estamos trabajando en casa poco a poco para poder debutar en un futuro”, señala.
Ese enfoque progresivo es el reflejo de una mentalidad madura, donde el objetivo no es correr, sino consolidar todo antes de avanzar.
Uno de los aspectos en los que más ha crecido en los últimos años ha sido en las experiencias propias del día a día. Montar varios caballos, cada uno con sus particularidades, es una de las mejores escuelas para cualquier amazona.
“Creo que en estos últimos años he aprendido muchísimo. Ahora monto unos cuantos caballos al día y eso hace que aprendas mucho. Cuantos más caballos montas, más experiencia tienes y más aprendes”.
Una cuadra con presente y mucho futuro
Júlia encara esta temporada con varios caballos en diferentes etapas de formación, lo que le permite trabajar tanto en la consolidación de niveles medios como en la preparación de futuros caballos de Gran Premio.
Actualmente trabaja con Vincenzo y Formentera en las pruebas de San Jorge e Intermedia I, aunque con Vincenzo ya comienza a introducir ejercicios propios del Gran Premio, importante en su evolución.
Además, cuenta con una cantera de caballos jóvenes: Fonseca y Popeye, de 6 años; Dickens y Francesca, de 5 años; y Dancing King, de 4 años, todos ellos en pleno proceso de formación.
A esta lista se suma Dark Rose, la yegua con la que compitió en la categoría U25 y con la que ahora continúa trabajando los ejercicios de Gran Premio.
Este abanico de caballos permite mantener una dinámica constante de aprendizaje, en la que cada jornada aporta nuevas sensaciones.
Soñar en grande, trabajar cada día
“En un futuro me imagino compitiendo y aprendiendo mucho. Creo que el gran sueño de casi todos los jinetes que competimos es poder llegar a unos Juegos Olímpicos”. Un objetivo que forma parte del imaginario de quienes viven la Doma Clásica con vocación y disciplina.
Mientras tanto, su meta más inmediata es seguir mejorando, sumar experiencia y avanzar sus caballos.
Fotografía de Andrea Rodríguez











