Hay decisiones que trascienden a quienes las toman y dejan una huella que perdura durante siglos. Una de ellas comenzó en 1568, cuando Felipe II impulsó en las Caballerizas Reales de Córdoba un ambicioso plan de cría con un objetivo muy claro: dar forma a un caballo que representara la excelencia de la Corona española. Aquel proyecto acabaría convirtiéndose en el origen del actual Pura Raza Española.
Para hacerlo posible, el monarca encomendó la tarea a Diego López de Haro, quien reunió un importante número de yeguas, junto a sus potros y los sementales seleccionados para iniciar un programa de reproducción sin precedentes en la época. Algunas fuentes sitúan esa cifra en torno a las 1.200 yeguas.
Las Caballerizas Reales de Córdoba se transformaron así en el corazón de uno de los proyectos ganaderos más relevantes de la historia de España. Allí se llevó a cabo una cuidadosa selección.
El interés de Felipe II no se limitó a ordenar la creación de la yeguada. La documentación histórica demuestra que siguió de cerca el desarrollo del programa, intercambiando correspondencia con Diego López de Haro para conocer la evolución de la cría y el resultado de las distintas líneas de reproducción.
Más de cuatro siglos después, el legado de aquella iniciativa continúa vivo. El Pura Raza Española se ha convertido en uno de los grandes símbolos de la equitación nacional y en un referente internacional, presente en distintas disciplinas deportivas, espectáculos ecuestres, así como en programas de mejora genética en numerosos países.










