Cuando un equipo entra en pista en una Longines EEF Nations Cup, las miradas se dirigen inevitablemente hacia los jinetes, los caballos y los colores de cada país. Sin embargo, detrás de cada binomio existe una estructura mucho más amplia cuyo trabajo comienza mucho antes de que suene la campana: veterinarios, grooms, responsables de equipo, organizadores y especialistas que trabajan para que los caballos lleguen en las mejores condiciones posibles, compitan con seguridad y regresen a casa en perfecto estado.
La European Equestrian Federation (EEF) ha puesto el foco en ese trabajo menos visible a través de diferentes sedes de la Longines EEF Series, mostrando cómo la bioseguridad, la preparación de las pistas, las condiciones meteorológicas, las instalaciones y, especialmente, la prevención veterinaria forman parte de una misma estrategia destinada al bienestar del caballo.
En Lier, Bélgica, Lotte Schaerlaeken, Senior Events Manager, resume la filosofía de la organización con una idea clara: el bienestar de los caballos constituye siempre la máxima prioridad porque, sencillamente, sin ellos el deporte no existiría.
Esa preocupación comienza incluso antes de su llegada. Lier dispone de cuadras permanentes y aisladas, bebederos automáticos e instalaciones que se mantienen y revisan durante todo el año. Cuando los caballos llegan al recinto, se comprueban, entre otros aspectos, sus vacunaciones, su estado general y su temperatura corporal. Ante cualquier sospecha sanitaria, existe además la posibilidad de aislar al caballo o, cuando resulte necesario, al transporte completo en unas instalaciones de cuarentena independientes.
La bioseguridad ha adquirido precisamente una importancia creciente en un deporte cada vez más internacional. Los caballos viajan con mucha mayor frecuencia entre países y competiciones, lo que obliga a reforzar las medidas destinadas a prevenir la propagación de enfermedades transmisibles.
Otro elemento fundamental se encuentra literalmente bajo los cascos de los caballos: el suelo. En Lier, su preparación se realiza durante todo el año y, durante la temporada, su estado se vuelve a evaluar semanalmente para determinar si necesita ser aireado, compactado o nivelado. Durante las competiciones, el análisis y mantenimiento es constante y se adapta también a factores como el calor, el viento o las lluvias intensas.
Una filosofía similar se aplica en Avenches, sede de la final de la Longines EEF Series. Su organizador, Edwin Smits, insiste en que la calidad del suelo debe ser la misma independientemente de que compita un caballo experimentado al máximo nivel o un ejemplar joven que comienza su trayectoria. En estos últimos, una mala experiencia puede incluso afectar a su confianza, por lo que ofrecer una superficie cómoda, estable y segura resulta especialmente importante.
El concepto de bienestar en Avenches tampoco termina en la pista. Boxes correctamente ventilados, pasillos amplios con superficies antideslizantes, zonas donde los caballos pueden pastar entre el trabajo y la competición y buenas superficies tanto en las pistas de calentamiento como en la principal forman parte de lo que Smits define como un cuidado integral.
La meteorología obliga igualmente a estar preparados para modificar cualquier planificación. En Scuderia La Caccia, en Italia, su directora de evento, Beatrice Guidi, explica que el equipo sigue las previsiones oficiales y las alertas de Protección Civil antes incluso de la llegada de los caballos. Si las temperaturas aumentan excesivamente o se esperan fuertes precipitaciones, los horarios pueden modificarse, adelantarse pruebas o incluso suspender temporalmente la competición.
Lier también ha tenido que adoptar medidas extraordinarias. Durante una reciente ola de calor, se instaló aire acondicionado adicional en las pistas cubiertas, se utilizaron cañones de agua en las zonas de calentamiento y se reorganizaron los horarios para que las pruebas de mayor intensidad se disputasen durante las horas más frescas. Ante lluvias extremas, la competición puede detenerse durante varias horas hasta que el terreno vuelva a ofrecer las condiciones adecuadas.
Dentro de toda esta estructura, el veterinario ha dejado de ser únicamente la persona a la que se recurre cuando aparece un problema. El Dr. Marco Eleuteri, veterinario oficial FEI de nivel 3, veterinario de equipo, delegado veterinario y presidente de la Comisión Veterinaria en Scuderia La Caccia, señala precisamente que una de las ideas equivocadas más habituales es pensar que los veterinarios oficiales están presentes únicamente para intervenir cuando algo sale mal.
La realidad actual se encuentra mucho más orientada hacia la prevención. Fitness, nutrición, seguimiento físico y detección de pequeños cambios permiten anticiparse a posibles lesiones antes de que aparezcan. El veterinario Swagemakers cifra esta realidad de manera especialmente significativa: estima que alrededor del 90 % de su trabajo con estos caballos está relacionado con la prevención, posiblemente incluso más, quedando la atención inmediata reservada para aquellos casos en los que finalmente se produce una lesión.
El cambio experimentado durante las últimas décadas también resulta evidente en la longevidad deportiva de los caballos. Según Swagemakers, cada vez es más habitual ver ejemplares que continúan compitiendo con 16, 17 e incluso 18 años. El cuidado ya no se centra únicamente en resolver una lesión concreta, sino en atender al caballo de manera global mediante nutrición, preparación física, entrenamiento propioceptivo, diagnósticos, tratamientos cuando son necesarios y un seguimiento continuado.
Eleuteri considera que durante los últimos seis o siete años se ha intensificado especialmente la atención al bienestar, acompañada de protocolos y requisitos FEI cada vez más detallados. Al mismo tiempo, la propia evolución del caballo de deporte —cada vez más atlético, refinado y sensible— ha obligado a adaptar superficies, obstáculos, sistemas de seguridad, fisioterapia y controles veterinarios.
Todo ello refleja también una evolución en la forma de entender la relación entre jinete y caballo. Para Smits, el caballo es hoy compañero y parte inseparable del deporte. La confianza entre ambos resulta fundamental y, al máximo nivel, cada ejemplar cuenta con una atención individualizada que incluye grooms especializados, una nutrición cuidadosamente planificada, periodos de descanso y un amplio cuidado físico.
Schaerlaeken coincide en que la prevención comienza cada vez antes. Los caballos jóvenes pueden ser examinados para detectar sensibilidades o anomalías, mientras que las cuadras profesionales trabajan habitualmente junto a veterinarios, osteópatas, fisioterapeutas y otros especialistas con el objetivo de mantenerlos en las mejores condiciones posibles.
Pero el avance no significa que el trabajo esté terminado. Los responsables consultados por la EEF coinciden en que el bienestar nunca puede considerarse una cuestión definitivamente resuelta. Eleuteri recuerda que siempre existe margen para aprender, perfeccionar procedimientos y elevar los estándares de cuidado, mientras Smits subraya la responsabilidad del propio deporte de continuar actuando frente a aquellas prácticas que puedan comprometer al caballo en la búsqueda de resultados.
Así, detrás de los cuatro binomios que representan a una nación en una Longines EEF Nations Cup existe una red mucho mayor de profesionales, instalaciones, protocolos y medidas preventivas. Un trabajo que muchas veces permanece fuera de la vista del público, pero que sostiene buena parte del deporte.
Y es precisamente Schaerlaeken quien resume la filosofía que se encuentra detrás de todo ese esfuerzo: la prioridad continúa siendo el caballo porque, independientemente de cómo se mire, son ellos quienes hacen posible este deporte.








