El calostro es la primera secreción que producen las glándulas mamarias de los mamíferos durante las primeras horas después del parto.
A diferencia de la leche madura, tiene una consistencia más espesa y un color amarillento debido a su enorme concentración de nutrientes y compuestos biológicos esenciales.
Este primer alimento está cargado de proteínas, vitaminas, minerales y anticuerpos que ayudan al recién nacido a adaptarse al mundo exterior.
En el caso de los caballos, el consumo de calostro durante las primeras horas de vida resulta fundamental porque el sistema inmunológico del recién nacido aún es inmaduro.
Gracias a las inmunoglobulinas presentes en el calostro, el organismo recibe una protección inmediata frente a bacterias, virus y otros patógenos.
Además de su función inmunológica, el calostro también cumple un papel clave en el desarrollo del aparato digestivo y en la regulación del metabolismo durante los primeros días de vida. Contiene factores de crecimiento que favorecen la maduración del intestino y facilitan la absorción de nutrientes. También aporta energía de alta calidad, algo especialmente importante para los potros, que necesitan ponerse en pie y comenzar a moverse poco tiempo después de nacer.
Cuando un recién nacido no recibe suficiente calostro en las primeras horas, su salud puede verse comprometida, ya que aumenta el riesgo de infecciones y problemas de crecimiento.
Por eso, ganaderos, veterinarios y criadores prestan mucha atención a que la ingesta de calostro se produzca lo antes posible.











