La amazona colombiana entrena con Juan Manuel Gallego desde 1998. Juntos han recorrido un largo camino desde Medellín hasta algunos de los concursos más importantes del Salto a nivel internacional. Hoy, con una hija de ocho años, Carolina quiere seguir compitiendo y mejorando sin perder el equilibrio entre los caballos y su vida familiar.
Carolina Ramelli tenía claro desde niña que quería montar a caballo. En su familia no había tradición hípica ni nadie vinculado a este mundo, pero ella insistía en que la llevaran a montar y a ver concursos. Sus padres la acompañaron en aquella afición que, con los años, acabaría convirtiéndose en una parte importante de su vida.
«Por más que pasa el tiempo, cuando miro hacia atrás y analizo a aquella niña que empezó a montar a caballo, llego a la conclusión de que esto es una pasión con la que uno nace», recuerda.
Empezó a competir con diez u once años y, desde entonces, los caballos han estado presentes en casi todas las etapas de su vida. Se apartó temporalmente de las pistas durante el año y medio que pasó estudiando en Boston y durante el embarazo de su hija, pero nunca dejó de sentirse amazona.
«Me encantan el deporte y la competición. Siempre he buscado buenos resultados, aprender y conocer mejor a los caballos», explica.
Su trayectoria no ha estado ligada a una dedicación profesional exclusiva, pero sí a una constancia que le ha permitido seguir compitiendo durante décadas. En todo ese recorrido hay una figura que ha permanecido a su lado: Juan Manuel Gallego, su entrenador desde 1998.

Casi 28 años entrenando con Juan Manuel Gallego
Carolina ya conocía a Juancho antes de empezar a entrenar con él. Ambos coincidían en las competiciones de Medellín, donde el ambiente era lo suficientemente reducido como para que jinetes, entrenadores y familias terminaran conociéndose.
El cambio llegó en 1998. Carolina entrenaba en La Cabriola con Beatriz Duque, que tuvo que cerrar el centro por circunstancias ajenas a ellos y tenía previsto marcharse del país. Antes de hacerlo, le recomendó continuar con Juancho.
La propuesta tenía sentido. Carolina ya había montado con él durante un Campeonato Americano celebrado en Brasil el año anterior y había quedado muy satisfecha con la experiencia. También conocía a varios de sus alumnos y tenía buenas referencias de su trabajo.
Desde entonces han pasado cerca de 28 años y Carolina asegura que nunca se ha planteado buscar otro entrenador.
«Siento que Juancho está renovándose y reinventándose constantemente en el deporte. Siempre está actualizado, quiere ir más allá y busca formas de inspirar a sus alumnos», señala.

De él valora que no se haya quedado anclado en una manera de trabajar. Durante todos estos años ha visto cómo estudia, lee, observa a otros profesionales y aprovecha lo que aprende en las competiciones para seguir evolucionando como entrenador.
También destaca su capacidad para entender cada binomio y detectar qué necesita tanto el caballo como el jinete.
«Lee rápidamente tanto al jinete como al caballo y sabe comunicar muy bien qué hay que hacer para que el caballo te entienda», afirma.
La capacidad de Gallego para explicar y simplificar el trabajo ha sido importante en su propia evolución como amazona. Carolina ha aprendido a entender mejor lo que ocurre en la pista y a sacar más partido a cada entrenamiento.
De Medellín a los grandes concursos internacionales
Juancho también fue quien animó a Carolina a mirar más allá de su entorno habitual y a plantearse nuevos retos deportivos. Gracias a él, empezó a competir en otros países, a formar parte de los equipos de Colombia y a enfrentarse a recorridos cada vez más exigentes.
«Me abrió las puertas a un mundo que yo no conocía», reconoce.

El salto al circuito internacional le permitió conocer otros concursos, medirse con nuevos binomios y ganar experiencia en escenarios de primer nivel. A lo largo de su trayectoria ha competido en el Winter Equestrian Festival (WEF), en Wellington, y en Spruce Meadows, en Canadá, además de visitar pistas como las de Bromont, Ottawa, Hickstead, Saugerties y Ocala.
Durante este camino ha habido caballos que han marcado las distintas etapas de su carrera. Uno de ellos fue Fray Emilio, con el que disputó algunas de sus primeras competiciones importantes siendo todavía muy joven. Juan Manuel había montado al caballo desde sus primeras etapas de formación, por lo que aquel éxito fue especial para ambos.
«Fue como si sus dos hijos, su caballo y su amazona, llegaran juntos al éxito», recuerda Carolina.
Más adelante llegaron Zoran de Saulieu Z, con el que compitió en Estados Unidos, y las yeguas Brook Moeshof y Quidams Ruby Second Life Z, que le dieron la oportunidad de participar en algunos de los concursos más exigentes de su trayectoria.
Aquellas experiencias también le enseñaron que los resultados no dependen de lo que ocurre durante el recorrido.
«Juancho me ha demostrado la importancia de creer en el proceso y de prepararse en todos los aspectos», explica.

Catorce años al frente de La María
La relación entre Carolina y Juancho no se ha limitado al entrenamiento. Durante aproximadamente catorce años fueron socios en La María, una escuela de equitación de Medellín con la que contribuyeron a la formación de nuevos jinetes en Colombia.
El trabajo se repartía entre ambos. Juancho llevaba la parte técnica y Carolina se encargaba de la gestión administrativa. Por sus instalaciones pasaron niños que empezaban a montar y aficionados que acudían con sus propios caballos para entrenar y competir.
La escuela les permitió compartir otra faceta del mundo ecuestre y trabajar en el desarrollo de nuevos jinetes, además de continuar con sus propios proyectos deportivos.
En 2012, La María celebró su décimo aniversario con resultados importantes en competiciones nacionales e internacionales. Ese mismo año, Carolina fue subcampeona nacional de 1,30 metros.

Seguir compitiendo, ahora también como madre
La vida de Carolina es diferente a la de sus primeros años en la competición. Ahora es madre de una niña de ocho años y vive en Medellín, donde intenta mantener su actividad deportiva sin renunciar al tiempo que quiere dedicar a su familia.
Su objetivo es afianzarse como amazona competitiva en pruebas de dos estrellas. Sabe que seguir progresando exige compromiso y horas de trabajo, pero también tiene claro que esta etapa requiere organizarse de otra manera.
«Ahora mi objetivo es consolidarme como una amazona competitiva, porque también necesito encontrar un equilibrio entre ser mamá y ser deportista», explica.
Carolina no quiere dejar de competir ni renunciar a mejorar sus resultados. Lo que busca es elegir bien los concursos, aprovechar los entrenamientos y organizar la temporada de forma que pueda seguir avanzando sin que los caballos ocupen todo su tiempo.
Una parte importante de ese plan pasa por recuperar la dinámica que ya mantuvo en otros momentos de su carrera, cuando entrenaba desde Medellín y viajaba con frecuencia a Estados Unidos para trabajar y competir con Juancho.
Ahora quiere volver a dar continuidad a esa preparación en Wellington, donde Gallego desarrolla su actividad deportiva, y aprovechar al máximo las estancias allí. Mientras tanto, en Medellín continúa entrenando con Esteban, hermano de Juancho, con la intención de mantener una línea de trabajo coordinada.
«En esta etapa necesito priorizar la calidad de los entrenamientos y seleccionar competiciones muy enfocadas, para conseguir buenos resultados sin tener que dedicarle tanto tiempo como me gustaría», resume.
No es competir menos por falta de ambición, sino encontrar la manera de seguir siendo exigente consigo misma y con sus caballos sin descuidar el resto de su vida.

Después de casi tres décadas, Carolina sigue encontrando en Juancho a un entrenador en el que confía y con el que quiere continuar trabajando. Valora su exigencia, su capacidad para motivarla y la manera en que la ayuda a mantener la perspectiva cuando las cosas no salen como esperaba en la pista.
Su historia comenzó con una niña que pedía a sus padres que la llevaran a montar y ha pasado por caballos importantes, competiciones internacionales y un proyecto compartido en Medellín. Ahora, con otras prioridades y una forma distinta de organizarse, Carolina quiere seguir disfrutando de los caballos y mantenerse competitiva. Para ello, después de tanto tiempo, sigue contando con Juan Manuel a su lado.










