A lo largo de la historia del cine, los caballos han dejado una huella tan grande como la de sus jinetes o protagonistas humanos. Detrás de cada galope en pantalla, hay años de entrenamiento especializado, coordinación con el equipo y cuidados meticulosos para garantizar que el animal no solo luzca espectacular, sino que también esté seguro y saludable. Algunos caballos llegaron a convertirse en estrellas por derecho propio, recibiendo fama mundial y, en algunos casos, hasta premios por su desempeño.
Por ejemplo, Trigger, el caballo de Roy Rogers, fue una de las primeras verdaderas “celebridades equinas” en Hollywood durante las décadas de 1940 y 1950. Reconocido por su inteligencia y disciplina, Trigger participó en cientos de películas y apariciones públicas, siempre entrenado para responder a comandos precisos sin poner en riesgo ni al actor ni a sí mismo.
Esto incluye desde la preparación física y la socialización del caballo hasta la práctica de cada toma con seguridad, muchas veces utilizando sistemas de arneses o dobles digitales en escenas de riesgo. La fama de estos animales no solo se mide en apariciones en pantalla, sino también en el respeto que generan dentro de la industria por su capacidad de trabajo y disciplina.
La historia de los caballos en cine y televisión es también un reflejo de cómo la equitación y la relación entre humanos y equinos se profesionalizó en el entretenimiento. Cada estrella equina tiene detrás años de cuidado, paciencia y entrenamiento que pocas veces se muestran en los créditos, pero que hacen posible que sus actuaciones resulten memorables y, sobre todo, seguras.














