ALDA Stables nació de una idea muy clara: unir familia y pasión por los caballos. “El principal motor de ALDA ha sido nuestro padre, y su motivación desde el principio fue crear un punto de unión entre padre e hijos: compartir una afición, el día a día, los entrenamientos…”, explica Alex Codina, uno de los hermanos que conforman ALDA Stables.
Aunque al principio la visión del proyecto no estaba del todo definida, el camino se fue dibujando gracias al impulso de su padre. “La verdad es que yo no tenía muy claro cómo iba a evolucionar todo, pero mi padre sí sabía que quería tomárselo muy en serio, algo más que un hobby, un proyecto con el que pudiéramos competir a nivel internacional”, comenta.
La evolución de ALDA Stables ha sido constante y notable. “Ha sido un crecimiento muy claro y a pasos agigantados: empezamos como todo el mundo, en concursos pequeños, sociales… Luego llegó nuestro primer remolque, después una furgoneta y más tarde un camión. Tuvimos más caballos, pasamos por una hípica común y, finalmente, conseguimos nuestra propia finca”, recuerda Alex.
El camino no estuvo exento de retos. “Mi padre conocía a ciertas personas, pero el principal problema al principio es que no sabes en quién confiar. Por eso fuimos haciendo más equipo entre nosotros: ante cualquier problema, al menos nos teníamos unos a otros”, afirma, subrayando cómo esos obstáculos iniciales reforzaron la unidad familiar.
Para Alex, una de las mayores satisfacciones es ver cómo el trabajo da frutos dentro y fuera de casa. “Nos hace mucha ilusión ver que los resultados salen en los concursos, que al final es el escaparate donde todo el mundo te ve. Y también que los caballos que vendemos sigan funcionando bien con sus nuevos jinetes.”
Sobre quién dio el primer paso, Alex lo explica: “Mi hermano me saca siete años. Él estaba con la carrera, y yo, al ser más pequeño, tenía más tiempo, así que fui quien pudo comprometerse más desde el principio.”
La motivación inicial de la familia fue, sobre todo, la ilusión de compartir una misma pasión. “Lo que más nos movió al principio fue esa unión familiar, la ilusión de estar juntos y de poder compartir algo”, asegura.
Respecto al primer caballo que les hizo ver que el proyecto iba en serio, Alex sonríe al recordarlo: “Es curioso… Cuando conocí al primer caballo que había saltado Completo con Martí Sala, mi padre lo compró y nos dijo: ‘Hemos dado este paso y hecho este esfuerzo. A partir de ahora quiero que todo el mundo monte más en serio; esto ya no es un simple pasatiempo’. Desde ese momento se hizo para tomárselo en serio.”
La reciente mudanza a la nueva finca ha supuesto un salto cualitativo para todo el equipo. “La nueva finca te da mucha más comodidad para trabajar a los caballos y les aporta mejor forma física, algo que se notará más adelante, porque llevamos poco tiempo. Pero ya se ve una calidad de vida mucho mejor, tanto para los trabajadores como para los caballos y los jinetes. Tenerlo todo cerca y una pista buena son mejoras que, a largo plazo, marcarán la diferencia.”
ALDA Stables es un proyecto familiar en el que la pasión, la profesionalidad y la ilusión por avanzar juntos se combinan en un mismo rumbo, demostrando que el compromiso y la unión pueden llevar un sueño hípico al más alto nivel internacional.














