Katherine Wheeler creó la marca estadounidense a partir de una necesidad muy concreta: encontrar un champú adecuado para los caballos que se deben bañar casi a diario. Hoy, Dapple Up cuenta con usuarios en distintas disciplinas y tiene entre sus jinetes vinculados al proyecto al venezolano Luis Fernando Larrazábal.
A veces, una empresa nace de una necesidad cotidiana. Eso fue lo que le ocurrió a Katherine Wheeler, fundadora de Dapple Up, una marca de productos para el cuidado equino que empezó a tomar forma en Churchill Downs, uno de los hipódromos más conocidos de Estados Unidos.
Wheeler, que creció en Lexington (Kentucky), había estado ligada a los caballos desde pequeña. Después de graduarse en la Universidad de Kentucky en 2009, comenzó a trabajar en la industria del Pura Sangre Inglés. Fue en ese entorno, acostumbrado a los baños con champú frecuentes y a unas rutinas de cuidado muy exigentes, donde surgió la idea que acabaría convirtiéndose en su negocio.
El proyecto llegó por casualidad. Un hombre había desarrollado una fórmula para el cuidado de la piel que se utilizaba en hospitales y residencias. Un veterinario del estado de Kentucky le propuso adaptarla para los caballos de carreras, que necesitan baños frecuentes y un producto que limpie bien sin resultar agresivo para la piel. Tras el fallecimiento del veterinario, la iniciativa quedó parada hasta que Wheeler conoció al hombre que estaba detrás de la fórmula.
«Cuando aquel hombre conoció mi trayectoria y mi pasión por los caballos, pensó que podía ser la persona adecuada para ayudarle a desarrollar la idea. Desde luego, aquel día no esperaba acabar creando una empresa de champús», recuerda.
Un champú pensado para la rutina de las cuadras
Los comienzos fueron bastante más modestos que la distribución que Dapple Up tiene hoy. Wheeler empezó a probar el producto, recoger opiniones y trabajar en su composición junto a un especialista en formulación. Las primeras ventas las hacía prácticamente sobre la marcha, desde su camioneta en Keeneland y Fasig-Tipton, dos nombres referentes en el mundo del Pura Sangre Inglés.
No hubo un momento concreto en el que decidiera que aquello iba a funcionar. La señal fue que los clientes repetían y recomendaban el producto. Esa respuesta fue la que la animó a seguir adelante.
La experiencia en las cuadras de carreras influyó directamente en el planteamiento de la fórmula. Cuando un caballo se baña con frecuencia, no basta con que el champú deje el pelo limpio y brillante. También importa que se aclare bien y que su uso encaje en una rutina de cuidados habitual.
Dapple Up utiliza una fórmula de pH equilibrado, con limpiadores de origen vegetal, aloe vera ecológico y aceites esenciales de limón y menta. La marca también destaca que sus productos están formulados sin SLS, parabenos, colorantes, siliconas ni perfumes artificiales.
«Quería que cada ingrediente tuviera una función. Un pelo brillante es estupendo, pero la prioridad siempre ha sido mantener una piel sana y que el caballo esté cómodo», explica Wheeler.
De los caballos de carreras al Salto de Obstáculos, la Doma Clásica y el Concurso Completo
Aunque Dapple Up nació vinculada al Pura Sangre Inglés, su uso se ha extendido a otras disciplinas. Actualmente, la marca está presente en entornos tan diferentes como el Salto de Obstáculos, la Doma Clásica, el Concurso Completo, las disciplinas Western y el Enganche.
Para Wheeler, el punto en común está en la forma de entender los cuidados del caballo. Cada modalidad tiene sus particularidades, pero quienes conviven con estos animales comparten la preocupación por su bienestar y por mantenerlos en buenas condiciones.
En el Salto de Obstáculos, uno de los nombres vinculados a la marca es el del venezolano Luis Fernando Larrazábal, junto a la chilena Gabriela Reutter y la mexicana Maya Denis. Su red también incluye a profesionales de otras disciplinas, como Kenny McPeek, entrenador ganador del Kentucky Derby, y la amazona olímpica canadiense Kyle Carter.
Dapple Up ha ido sumando, además, colaboraciones con organizaciones y eventos ecuestres. Entre ellos figuran Kentucky Horse Shows, los premios anuales de la Federación Ecuestre de Estados Unidos (USEF), Sarasota Polo Club y Commonwealth Polo.
«Las disciplinas hípicas pueden ser diferentes, pero encuentras personas que quieren lo mejor para sus caballos. Ese compromiso es lo que conecta a toda esta comunidad», señala la fundadora.
Escuchar a quienes utilizan el producto
Pese al crecimiento de la marca, Wheeler sigue dando importancia al contacto directo con los clientes. Dapple Up continúa siendo una empresa pequeña y vinculada al mundo ecuestre, algo que le permite mantener una relación cercana con quienes utilizan sus productos.
Las conversaciones con los propietarios y los profesionales de las cuadras sirven para conocer aspectos muy concretos: cómo se aclara el champú, qué resultado deja en el pelo o cómo funciona cuando hay que bañar varios caballos durante una misma jornada.
«Aprendo mucho de las personas que cuidan y bañan caballos todos los días. Son ellas quienes detectan los detalles prácticos. Escuchar sus preguntas y experiencias me ayuda a entender qué necesitan y qué debemos explicar mejor», comenta.
Wheeler también valora el apoyo de otros emprendedores del sector. Compartir experiencias y aprender de quienes se enfrentan a retos parecidos le ha resultado útil para sacar adelante una empresa de estas características.
Mientras tanto, la distribución ha ido creciendo en Estados Unidos. Dapple Up está presente en plataformas y comercios especializados como Chewy.com y Chick’s Saddlery, y también se ha incorporado a la red del distribuidor nacional Jacks.
Europa y Australia, en el horizonte
Wheeler quiere ampliar la distribución en tiendas ecuestres y encontrar socios comerciales que permitan introducir Dapple Up en nuevos mercados. Entre sus objetivos están Europa y Australia.
La experiencia en el mundo hípico también ha dado pie a una nueva línea: Dapple Up Pup, un champú para perros. No es una idea que quede demasiado lejos de la realidad de las cuadras, donde los perros suelen formar parte del día a día de muchas familias vinculadas a los caballos.
Al hacer balance, Wheeler no se queda con la expansión comercial. Le importa más que los clientes confíen en el producto y lo incorporen a sus rutinas de cuidado.
«Estoy orgullosa de haber seguido adelante y de haber creado algo en lo que la gente confía para sus animales. Dapple Up ha sido un proyecto hecho con mucho cariño, trabajo y aprendizaje. Todavía me hace mucha ilusión ver una botella de Dapple Up en una cuadra o saber que alguien ha recomendado el producto a un amigo», afirma.









