La historia de Kateryna Nakhlupina está marcada por los caballos, la Doma Clásica y una realidad que inevitablemente ha condicionado su trayectoria deportiva. La amazona ucraniana continúa entrenando en su país mientras trabaja para alcanzar el nivel Gran Premio junto a Sonata, su compañera desde hace más de una década. Todo ello en un contexto en el que los bombardeos, las dificultades para competir y la incertidumbre forman parte de la vida cotidiana.
Nakhlupina compagina además su faceta ecuestre con una formación alejada inicialmente del deporte profesional. Es graduada en Derecho y Derecho Internacional y cuenta también con titulación como intérprete de inglés. Su primer contacto con los caballos llegó cuando tenía diez años, durante un campamento de verano junto al mar.
Desde pequeña había sentido una especial fascinación por la naturaleza y los animales, pero aquel primer acercamiento a la equitación terminó convirtiéndose en algo mucho más importante. Posteriormente, comenzó a recibir clases en la región de Donetsk, donde nació, aunque inicialmente montar era únicamente una actividad estacional.
La situación cambió en 2014. La guerra en el este de Ucrania obligó a su familia a trasladarse a Kyiv y aquel cambio terminó abriendo una nueva etapa en su relación con la Doma. Tras pasar tres meses en una escuela especializada de equitación, recibió la posibilidad de comprar un caballo joven con el que continuar su formación de una manera más profesional.
Ese caballo era Sonata, una yegua Ukrainian Riding Horse que actualmente tiene 15 años y que se ha convertido en una pieza fundamental de su vida deportiva.
Kateryna tenía 12 años y Sonata apenas cuatro cuando comenzaron a trabajar juntas. Ninguna de las dos tenía entonces experiencia suficiente para afrontar un proceso de formación sencillo, por lo que ambas tuvieron que aprender prácticamente desde cero.
“Aprendimos todo juntas desde el principio y creamos un vínculo mental entre nosotras”, explica la amazona.
El camino no estuvo exento de dificultades. Nakhlupina reconoce que, durante su adolescencia, hubo momentos en los que no siempre supo gestionar correctamente las situaciones que se presentaban. Sin embargo, considera que superar esos problemas terminó creando una relación especialmente sólida entre ambas.
De Sonata destaca fundamentalmente su carácter. La define como una yegua con mucha personalidad, una mente brillante y una enorme capacidad para aprender. Después de tantos años juntas, Kateryna asegura que continúa descubriendo cosas nuevas sobre ella prácticamente cada día.
El objetivo actual es continuar avanzando hacia el Gran Premio, un nivel al que llegar tampoco ha resultado sencillo. Una de las principales dificultades durante su formación fue no disponer de suficientes caballos escuela que le permitieran experimentar directamente determinados movimientos y ejercicios propios de los niveles superiores.
Por ello, una parte importante de su aprendizaje llegó observando a otros jinetes de Gran Premio, analizando tanto sus aciertos como sus errores.
También atravesó una etapa complicada después de cambiar de equipo debido a la distancia que debía recorrer hasta las cuadras. La metodología de entrenamiento que encontró entonces no resultó adecuada para ella ni para Sonata. Aunque considera que aquello pudo hacerle perder tiempo en su progresión, también terminó convirtiéndose en una experiencia de aprendizaje.
Para Nakhlupina, uno de los aspectos fundamentales de la Doma es que jinete, entrenador y equipo compartan una misma filosofía. En este sentido, destaca especialmente la influencia de su primera entrenadora, Mrs. Elena, quien le enseñó desde sus primeros pasos que el caballo no es simplemente una herramienta para conseguir objetivos deportivos.
También reconoce el papel fundamental de su familia, especialmente el apoyo constante de sus padres y la implicación diaria de su madre. Durante una pausa de Mrs. Elena, ha tenido además la oportunidad de continuar trabajando con su entrenadora, a quien describe como una auténtica maestra de Doma y una profesional profundamente apasionada por su trabajo.
Toda esta trayectoria se desarrolla, sin embargo, dentro de una realidad especialmente compleja. Desde el inicio de la invasión a gran escala en 2022, practicar deporte ecuestre en Ucrania se ha vuelto considerablemente más difícil.
Algunos jinetes optaron por establecerse en otros países europeos para continuar desarrollando sus carreras. Dentro de Ucrania siguen celebrándose concursos nacionales, pero Kateryna reconoce que el nivel competitivo y las posibilidades disponibles no son comparables con las existentes antes de la guerra.
Las propias instalaciones ecuestres también han sufrido las consecuencias del conflicto. Varias hípicas han sido bombardeadas y destruidas por misiles rusos, en algunos casos con caballos en su interior. La situación también ha afectado a importantes yeguadas ucranianas, especialmente en las regiones de Kharkiv y Luhansk, históricamente vinculadas a la cría de caballos de calidad.
A pesar de ello, Nakhlupina reivindica el Ukrainian Riding Horse y considera que la raza continúa teniendo un importante potencial deportivo. Al mismo tiempo, explica que algunas cuadras de alto nivel siguen funcionando en el país, permitiendo que jinetes, propietarios y criadores continúen trabajando y buscando soluciones para mantener viva la actividad.
En su caso, puede entrenar diariamente en unas instalaciones con buenas condiciones y una ubicación conveniente, algo que considera una suerte dentro de las circunstancias actuales. Sin embargo, la guerra está permanentemente presente.
“Todos los ciudadanos seguimos expuestos a los bombardeos, especialmente por la noche y, en los últimos tiempos, también durante el día”, relata.
La falta de sueño y el estrés constante se han convertido en parte de su día a día. Aun así, intenta mantener su programa de entrenamiento y continuar evolucionando con Sonata.
“El amor por la Doma ayuda muchísimo y, cuando estoy en la pista, todos los problemas se reducen en algún momento porque me concentro completamente en el trabajo”.
La incertidumbre también dificulta cualquier planificación a largo plazo. Kateryna reconoce que ha aprendido a centrarse principalmente en el presente, porque resulta complicado establecer proyectos deportivos cuando no existen garantías sobre lo que sucederá en el futuro.
Además, competir internacionalmente supone dificultades añadidas. Mientras otros jinetes europeos pueden desplazarse regularmente a concursos, participar en clinics con grandes profesionales o acceder con mayor facilidad a nuevos métodos de entrenamiento, para los deportistas que permanecen en Ucrania esas posibilidades son mucho más limitadas.
Entre los principales problemas que afronta actualmente la Doma ucraniana, Nakhlupina señala la falta de comunicación internacional, el apoyo económico insuficiente y la escasez de profesionales especializados. Jinetes, mozos, veterinarios y herradores, entre otros, deben continuar formándose en unas circunstancias en las que parte del personal ha tenido que movilizarse para participar en la guerra.
Por ello, considera especialmente importante reforzar las relaciones con la comunidad ecuestre internacional y generar nuevas vías de cooperación.
Su mirada sobre el deporte internacional tuvo este año un escenario especialmente significativo: Aachen. Nakhlupina pudo asistir como visitante a los FEI World Championships 2026 y la experiencia le permitió observar de cerca el máximo nivel deportivo.
La magnitud de la competición, las infraestructuras, la organización y el ambiente de las gradas fueron algunos de los aspectos que más la impresionaron. Sin embargo, hubo un detalle que destacó especialmente: la relación entre los grandes jinetes y sus caballos.
Kateryna recuerda cómo muchos de los mejores jinetes agradecían públicamente a sus monturas su esfuerzo después de las pruebas e incluso pedían al público, mediante gestos, que reconociese también a los caballos.
Para ella, esa imagen resume una parte esencial de la equitación que quiere defender.
De cara al futuro, Nakhlupina cree que los jinetes ucranianos pueden aportar al panorama internacional una enorme capacidad de resistencia y adaptación después de años obligados a desenvolverse en circunstancias especialmente difíciles.
“Creo firmemente que contamos con las ganas de triunfar, implicación, búsqueda de diferentes posibilidades, cooperación, trabajo duro y capacidad para superar las dificultades”.
Sus propios objetivos pasan ahora por continuar mejorando con Sonata hasta consolidarse en Gran Premio y, posteriormente, tener la oportunidad de competir en concursos nacionales de máximo nivel. Después, si las circunstancias y los recursos lo permiten, quiere dar el salto a la competición internacional.
Representar a Ucrania en grandes campeonatos es también una posibilidad que contempla para el futuro.
Su mensaje final mira precisamente hacia la continuidad del deporte ecuestre de su país. A pesar de las dificultades, Nakhlupina considera que existe una generación de jinetes y profesionales con capacidad para seguir creciendo, formándose y demostrando el potencial de Ucrania dentro de la Doma europea.
“Tenemos una gran voluntad y potencial para evolucionar con las personas que realmente aman este deporte”.
Para Kateryna, el siguiente paso debe ser acercar todavía más a Ucrania a las comunidades internacionales de Doma, generar nuevas colaboraciones y continuar cultivando esta disciplina en Europa. Mientras tanto, ella sigue trabajando cada día junto a Sonata, la yegua con la que comenzó prácticamente desde cero y con la que ahora persigue un objetivo que hace años parecía muy lejano: llegar juntas al Gran Premio.







