La amazona húngara Emma Mécs afronta estos días una de esas experiencias que pueden marcar un antes y un después en una trayectoria deportiva. Representando a Hungría en la categoría U25 que se disputa en Aachen, Mécs tiene la oportunidad de competir sobre la emblemática pista de hierba alemana junto a Berlioz de Bedon, un caballo al que define como uno de los más especiales que han pasado por su vida.
Para la joven amazona, estar en Aachen supone cumplir uno de esos sueños que acompañan prácticamente a cualquier jinete desde que comienza a imaginarse compitiendo al máximo nivel.
«Creo que montar sobre la hierba de Aachen es algo con lo que sueña cualquier jinete y poder vivirlo en una etapa tan temprana de mi carrera, especialmente durante un evento como el Campeonato del Mundo, es algo que definitivamente no doy por sentado», explica Mécs.
A esa emoción se suma la responsabilidad de hacerlo representando a Hungría. «Representar a mi país aquí en Aachen es algo de lo que me siento muy orgullosa y me considero muy afortunada por tener esta oportunidad».
Su historia con los caballos, sin embargo, no comenzó dentro de una familia vinculada al mundo ecuestre. Fue su padre quien empezó a llevarla cuando era pequeña a una cuadra cercana como una forma de entretenimiento. Lo que inicialmente podía parecer simplemente una actividad terminó convirtiéndose progresivamente en una auténtica pasión.
«Viniendo de una familia que no tenía ninguna relación con los caballos, definitivamente fue una pasión por la que tuve que luchar, porque al principio nadie la entendía», recuerda.
Mécs no identifica un momento concreto en el que decidiera que quería tomarse el Salto en serio. Para ella fue un proceso natural, un sentimiento que fue creciendo al mismo tiempo que lo hacía su experiencia con los caballos. Sí conserva, en cambio, una imagen muy clara de aquellos primeros años: observar a los jinetes de mayor edad y las pruebas de mayor altura, tanto en concursos nacionales como a través de la televisión.
«Pensaba: “Quiero eso. Quiero hacer esto y nada más”».
Ese camino la ha llevado ahora hasta Aachen acompañada por Berlioz de Bedon, un caballo que llegó a su vida en un momento especialmente importante y con el que ha construido una relación basada, ante todo, en la confianza.
«Berlioz es un caballo muy especial que llegó a mi vida en un momento crítico. Realmente no se parece a ningún otro caballo que haya tenido: es increíblemente inteligente, valiente, divertido y amable, pero, sobre todo, tiene un corazón enorme».
Para Mécs, una de las cualidades más importantes de Berlioz es precisamente su disposición a ayudarla en cualquier circunstancia. «Nunca ha habido un momento en el que no haya cuidado de mí. Es difícil encontrar un caballo que te lo dé todo de manera incondicional».
Su carácter, además, no se limita a la pista de competición. La amazona destaca que Berlioz disfruta prácticamente con cualquier actividad, ya sea competir, trabajar en pista en casa o incluso salir al campo y nadar en el río.
Cuando llega el momento de competir, sus cualidades vuelven a hacerse evidentes. «Es todo lo que una chica podría pedir como compañero de competición: es rápido, tiene muchísimos medios, es valiente y lucha por ti con todo lo que tiene».
La construcción de ese vinculo también ha implicado aprendizaje. Mécs reconoce abiertamente que durante el último año ha cometido errores con él, pero destaca la capacidad del caballo para seguir confiando en ella.
«He cometido algunos errores con él durante el último año, pero nunca me ha guardado nada en contra, algo por lo que estoy muy agradecida. Creo que nuestra relación funciona porque nos cuidamos mutuamente y confiamos el uno en el otro».
Esa confianza se ha convertido en uno de los elementos esenciales del binomio. «Nunca hay un momento cuando estoy sobre él en el que dude de que va a estar ahí para mí, y creo que eso es irremplazable».
La preparación para Aachen no ha supuesto grandes modificaciones en su programa habitual. Precisamente una de las lecciones que ha aprendido durante su evolución deportiva es la importancia de confiar en una rutina cuando esta funciona correctamente tanto para el caballo como para el jinete.
«He aprendido que, si tienes una buena rutina y un buen programa que os prepara a ti y a tu caballo para cada concurso, lo mejor es mantenerlo».
El principal trabajo diferente ha estado en el apartado mental. Competir por primera vez en una pista de estas dimensiones y ante un escenario como Aachen supone enfrentarse a sensaciones nuevas. Por ello, Mécs reconoce haber dedicado parte de su preparación a afrontar psicológicamente esa experiencia, aunque intentando mantener la normalidad y confiar en aquello que ya ha demostrado funcionar.
Aachen también le ofrece la posibilidad de contemplar de cerca a algunos de los mejores binomios del mundo. Una de las cosas que más ilusión le hace es poder seguir las pruebas de la categoría absoluta y, al mismo tiempo, descubrir desde dentro la atmósfera que rodea a un Campeonato del Mundo.
«Es una sensación que te hace ser muy humilde poder competir aquí. Estoy simplemente emocionada por tener la oportunidad de estar aquí y vivirlo junto a mi caballo y mi equipo».
En cuanto a los objetivos deportivos, Emma Mécs no oculta que quiere conseguir buenos resultados durante la competición, pero intenta que esa ambición no le impida disfrutar de una oportunidad difícil de repetir.
«Aunque aspiro a conseguir buenos resultados este fin de semana, también estoy intentando absorberlo todo y disfrutar de la oportunidad y de la experiencia. Quiero divertirme con mi caballo y disfrutar de poder vivir esto juntos».
Vestir los colores de Hungría añade una dimensión especial. La amazona reconoce que representar a un país supone enfrentarse a sentimientos diversos y también al deseo de ofrecer el mejor resultado posible tanto a nivel individual como colectivo.
«Representar a tu país en cualquier competición siempre es algo complejo, al menos para mí. Evidentemente siempre quiero hacerlo bien tanto por nosotros como por el país. Montar bajo la bandera húngara es algo de lo que me siento muy orgullosa».
Detrás de su presencia en Aachen existe también un amplio grupo de personas que han acompañado su evolución. Mécs recurre a una expresión conocida para explicar la importancia de todas ellas: «Hace falta todo un pueblo». Y, como ella misma reconoce, los tópicos en ocasiones existen porque reflejan perfectamente la realidad.
La amazona destaca el trabajo del equipo que cuida de sus caballos en casa, incluyendo veterinario, herrador y dentista, a quienes considera partícipes de sus resultados en la misma medida que ella. También reserva un lugar fundamental para sus padres, que, pese a proceder de un entorno completamente ajeno al deporte ecuestre, han terminado convirtiéndose en uno de sus principales apoyos.
«No importa si termino un recorrido con faltas o con un cero, ellos siempre están ahí».
Entre las personas esenciales en su día a día también se encuentra su groom, Deniz Gemici, de quien destaca tanto el cuidado que proporciona a los caballos como el apoyo constante independientemente del resultado conseguido en pista.
Mécs tampoco olvida a quienes estuvieron presentes durante sus primeros años en Hungría. Sus antiguos entrenadores fueron quienes le enseñaron las bases y la acompañaron en el paso de los ponis a los caballos, una etapa determinante dentro de cualquier carrera deportiva.
Sin embargo, su llegada al equipo de Helena Stormanns supuso un cambio especialmente importante.
«Mi actual entrenadora, Helena Stormanns, y su equipo fueron quienes lo cambiaron todo para mí. Nunca había estado antes en un entorno profesional, así que fue una experiencia completamente nueva».
Desde entonces, la amazona considera que ha aprendido enormemente y muestra su agradecimiento hacia todas las personas que, de una manera u otra, han contribuido a que pueda encontrarse hoy compitiendo en Aachen.
Y cuando piensa en el futuro, aparecen inevitablemente algunos de los sueños que acompañan a quienes aspiran a alcanzar la élite del Salto. Los Juegos Olímpicos, los grandes concursos internacionales y la posibilidad de competir entre los mejores forman parte de ellos.
Pero, por encima de cualquier escenario, medalla o resultado, Emma Mécs tiene claro cuál es la aspiración que verdaderamente quiere perseguir durante toda su carrera.
«Creo que, a largo plazo, todo jinete sueña con competir en los Juegos Olímpicos, estar en los grandes concursos y ser el mejor. Y aunque yo también sueño con esas cosas, creo que mi mayor objetivo es ser la mejor amazona posible para mis caballos».
Una declaración que resume la filosofía con la que la joven representante de Hungría continúa construyendo una trayectoria que estos días suma un nuevo capítulo junto a Berlioz de Bedon sobre la hierba de Aachen.








