Hablar de Juan Manuel Gallego es hablar de una forma muy concreta de entender el Salto de Obstáculos. Una manera de trabajar donde el resultado importa, pero nunca por encima del caballo. Desde sus cuadras en Wellington, el jinete y entrenador colombiano, que compite bajo bandera española, lleva años construyendo un proyecto basado en algo cada vez menos habitual en el alto nivel: la paciencia.
Su estructura combina competición internacional, formación de alumnos y desarrollo de caballos jóvenes, una estructura donde conviven caballos experimentados con otros que apenas empiezan a descubrir la pista. Es aquí donde aparece una de las ideas que más repite Gallego cuando habla de entrenamiento: no todos evolucionan igual.
“Muchas veces queremos acelerar procesos porque el calendario deportivo empuja, pero el caballo siempre te dice cuándo está preparado y cuándo no. Hay caballos que con siete años ya tienen la cabeza para asumir ciertas pruebas y otros necesitan más tiempo. El error es querer meterlos a todos en el mismo molde”, explica.
Una cuadra amplia, pero con planes individuales
En las cuadras de Gallego conviven perfiles muy distintos. Caballos jóvenes en formación, caballos de Gran Premio y otros en transición hacia niveles superiores. Lejos de trabajar bajo una estructura rígida, el jinete adapta cada planificación al momento físico y mental del caballo.
“Puedes tener un caballo con muchísimo talento, pero si no respetas los tiempos, acabas perdiendo lo más importante. A veces hay que parar, bajar una altura o simplemente dejar que el caballo madure. El desarrollo no es lineal”, comenta.
Esa filosofía se refleja tanto en su propia competición como en el trabajo con sus alumnos. Quienes entrenan con él saben que no es un entrenador que busque resultados rápidos ni recorridos innecesarios para sumar salidas a pista.
“Mi trabajo no es preparar un caballo para una semana. Es intentar construir un caballo que pueda durar años compitiendo y disfrutando del deporte”, añade.
La importancia de observar
Gallego insiste mucho en la capacidad de leer pequeños detalles. Cambios en la actitud, en la manera de galopar, en la recuperación o incluso en el comportamiento dentro de la cuadra.
“Los caballos hablan constantemente. El problema es que muchas veces no tenemos tiempo para escucharlos. El alto rendimiento no puede convertirse en una rutina automática donde solo miras cronómetros o resultados”, afirma.
Por eso, dentro de su estructura, el trabajo no se limita a montar. La coordinación con veterinarios, herradores, fisioterapeutas y grooms forma parte esencial del funcionamiento diario.
“El bienestar del caballo no es una frase bonita. Son decisiones todos los días. Desde cómo viaja hasta cuándo compite o cuánto descansa”, explica.
Formar jinetes más allá de la pista
Aunque su nombre está ligado a la competición internacional, Gallego dedica gran parte de su tiempo a la formación. Y lo hace desde una visión de enseñar a pensar al jinete.
“No me interesa que un alumno copie lo que hago. Me interesa que entienda por qué hacemos las cosas”, comenta.
En sus entrenamientos habla mucho de equilibrio, de lectura de distancias y de gestión emocional. Considera que el jinete moderno debe aprender no solo a montar bien, sino también a gestionar procesos largos y convivir con la frustración que inevitablemente aparece en este deporte.
“El Salto te obliga a tener paciencia. Hay semanas donde todo sale fácil y otras donde nada funciona. Lo importante es no perder el rumbo por un mal resultado ni volverse loco por uno bueno”, asegura.
Construir antes que correr
A lo largo de su carrera, Juan Manuel Gallego ha mantenido la línea de priorizar la continuidad antes que la inmediatez. Una filosofía que se percibe tanto cuando compite como cuando entrena.
No es casualidad que quienes trabajan cerca de él hablen de coherencia. Coherencia entre lo que dice y lo que hace. Entre cómo monta y cómo enseña.












