En el mundo ecuestre existe una creencia bastante extendida: que las yeguas tienen más carácter que los caballos.
Sin embargo, esta afirmación no siempre se ajusta a la realidad, ya que el temperamento de un caballo depende de múltiples factores, como la genética, el manejo, la experiencia y el entorno en el que vive.
Las yeguas suelen mostrar comportamientos más variables debido a su ciclo hormonal, lo que puede influir en su estado de ánimo en determinados momentos.
Esto puede interpretarse como un carácter más fuerte o cambiante. No obstante, también son animales muy sensibles, inteligentes y con gran capacidad de conexión con el jinete cuando se establece una relación adecuada.
Por otro lado, los caballos castrados suelen tener un temperamento más estable, lo que los hace especialmente populares en entornos de iniciación o aprendizaje.
Aun así, esto no significa que sean mejores o peores, sino simplemente diferentes.
En disciplinas como la Doma Clásica o el Salto de Obstáculos, tanto yeguas como caballos destacan al más alto nivel.
Por esta razón, más que una cuestión de sexo, el carácter de cada caballo es único y debe valorarse de manera individual.













