El binomio formado por el olímpico venezolano Luis Fernando Larrazábal y la joven yegua Ribery ha llegado a su fin. La torda, una de las yeguas con mayor proyección del equipo, ha sido vendida recientemente y continuará su carrera deportiva bajo la monta de un nuevo jinete también muy interesante.
“Decir adiós a Ribery no es fácil. Ha sido una compañera increíble y una parte muy especial de mi camino hasta ahora”, reconocía el propio Larrazábal. “Me siento muy agradecido por haber formado parte de su carrera y por la confianza de sus propietarias y de todo el equipo. Le deseo al nuevo propietario la mejor de las suertes con ella, porque es realmente especial”.
La yegua fue adquirida con apenas cuatro años en una subasta online por Sabrina Lefebvre y su familia, sin haberla visto previamente en persona, una decisión que con el tiempo se demostraría más que acertada.
“Desde la primera vez que la vimos supimos que era algo especial. Tenía un talento natural imposible de ignorar”, recuerda Lefebvre. Tras su llegada a Estados Unidos con cinco años, el equipo apostó por un desarrollo progresivo, permitiendo que la yegua madurara sin prisas antes de dar el salto a la competición internacional.
Fue a los seis años cuando decidieron confiar su monta a Larrazábal, una decisión importante en su evolución. “Nunca había sentido un caballo joven saltar como ella. Era algo realmente increíble. A partir de ahí, todo fue creciendo de la mejor manera”, explicó su propietaria.
Nacida en 2017 e hija de Aganix du Seigneur y Diamant de Semilly, Ribery ha demostrado en poco tiempo un talento notable y una progresión constante. Su debut internacional llegó en septiembre del pasado año en el CSI2* de North Salem, donde ya dejó buenas sensaciones con una cuarta posición en una prueba de 1,40 metros disputada bajo el baremo de Dos Fases.
Su primer podio no tardó en llegar. Apenas unas semanas después, en el CSI2* de Mill Spring (Tryon), firmó una tercera posición en la clasificatoria para el Gran Premio sobre 1,45 metros, confirmando que su progresión iba por buen camino.
Uno de los momentos más importantes de su trayectoria llegó el 17 de enero, cuando en su debut en pruebas de 1,50 metros logró imponerse en el CSI3* de Wellington, adjudicándose la prueba “Classic” a esa altura.
La regularidad siguió marcando su hoja de resultados. El 1 de febrero fue segunda en el Gran Premio del CSI2* de Wellington sobre 1,45 metros, y apenas dos semanas después, el 14 de febrero, volvió a subir al podio con una segunda posición en una prueba de 1,40 metros en el CSI2* de Myakka City. Días más tarde, el 18 de febrero, dio el salto a su primer CSI5*.
Con Larrazábal, Ribery llegó a competir en pruebas de hasta 1,55 metros, demostrando no solo potencia y capacidad, sino también una mentalidad competitiva poco habitual en una yegua todavía joven.
“Esta yegua nos ha regalado muchísimas emociones. Es una luchadora, una ganadora y siempre da lo mejor de sí misma”, señalaba Lefebvre, quien también quiso agradecer el trabajo del jinete venezolano. “Luis hizo un trabajo increíble desarrollándola con paciencia y cuidado. Entre ellos hubo algo muy especial”.
Aunque todavía no se ha desvelado el destino exacto de la yegua ni el nombre de su nuevo jinete, sí se ha confirmado que continuará su carrera en una cuadra de alto nivel, lo que augura un futuro prometedor para Ribery.
Fotografía de Wellington International – Cassidy Klein










