En octubre cumplirá 61 años. Una cifra que, lejos de marcar un límite, confirma su vigencia en la élite. Roger-Yves Bost sigue compitiendo —y ganando— al más alto nivel.
El pasado fin de semana, el jinete francés volvió a demostrarlo al imponerse en el Gran Premio del CSI3* de Compiègne. No es, ni mucho menos, un triunfo aislado en este 2026: a finales de enero ya había conquistado el Gran Premio del CSI5* de Hong Kong. En ambas victorias contó con la complicidad de Equine América Ballerine du Vilpion, una yegua nacida en 2011 e hija del legendario Baloubet du Rouet.
“Bosty”, como se le conoce en el circuito internacional, es sinónimo de longevidad y excelencia. Su trayectoria, repleta de éxitos, no deja de crecer con el paso de los años. Y no sorprende: es uno de los jinetes más respetados y admirados del panorama ecuestre.
Su último triunfo en Compiègne ofrece, además, una imagen reveladora sobre la naturaleza de este deporte. Bost superó en 30 años al segundo clasificado, mientras que la diferencia con la tercera fue de casi cuatro décadas. Un recordatorio de que la hípica no entiende de edades, sino de talento, experiencia y conexión con el caballo.
Su idilio con las grandes competiciones comenzó pronto. En 1983 se proclamó campeón de Europa de Jóvenes Jinetes, tanto en categoría individual como por equipos. Tres décadas más tarde, en 2013, alcanzó la cima continental absoluta con Castle Forbes Myrtille Paulois. Y en 2016, formó parte del equipo francés que conquistó el oro olímpico en los Juegos de Río de Janeiro.
Durante los años noventa, entre 1990 y 1998, también fue pieza clave del equipo nacional que logró un oro y dos platas en los Campeonatos del Mundo.
Más de cuatro décadas después de sus primeros éxitos, Roger-Yves Bost sigue escribiendo su historia. Una historia que, a la vista de su presente, aún está lejos de terminar.










