Los grandes resultados que se ven en la pista no nacen de la noche a la mañana. Detrás de cada caballo de Gran Premio hay años de trabajo, paciencia y decisiones tomadas en el momento justo. En todo este proceso, la etapa de los caballos jóvenes es, sin duda, una de las más determinantes.
La amazona menorquina Cristina Torrent conoce bien ese camino. Nacida en Menorca y vinculada al caballo desde muy pequeña, hoy forma parte del equipo de Villa Equus, donde trabaja bajo la dirección de Beatriz Ferrer-Salat, una experiencia que, como ella misma reconoce, ha marcado un antes y un después en su trayectoria.
Su carácter disciplinado y tranquilo, unido a una clara pasión por el caballo, se refleja en una filosofía de trabajo que tiene muy definida: construir desde la base, respetando siempre los tiempos del caballo.
Para Cristina, la doma de caballos jóvenes tiene algo especial que engancha. No se trata solo de enseñar ejercicios, sino de construir una relación. “Lo que más me gusta de trabajar con caballos jóvenes es poder empezarlos desde cero, a tu manera, desde que tienen tres o cuatro años. Ellos te conocen a ti, cogen confianza contigo y tú también los vas conociendo. Es como evolucionar junto a ellos, ir subiéndolos poquito a poco”, explica. Esa evolución conjunta es, en muchos casos, la base de los futuros éxitos. Cuando un caballo joven crece con confianza, el trabajo posterior se vuelve mucho más fluido.
Actualmente, en Villa Equus cuentan con una cantera amplia de caballos jóvenes, un aspecto que Cristina considera importante para el futuro deportivo del equipo. “Tenemos bastantes caballos jóvenes ahora mismo, tanto Júlia Álvarez como yo. Y lo mejor, aparte de la calidad que tienen, es la cabeza. Son caballos con muy buen carácter, muy listos y fáciles de trabajar. Eso facilita mucho la evolución”, señala.
Pero más allá del talento natural de cada animal, lo importante es cómo se construye la base. “Para mí lo más importante es formar bien desde el principio para que luego puedan llegar a ser caballos de Gran Premio, siempre respetando el tiempo que cada uno necesita”.
Una idea que Cristina repite una y otra vez es la importancia de no tener prisa: “Cada caballo te marca su progreso. En el momento en que quieres dar un paso más del que pueden dar, se bloquean y pueden quedarse estancados. Es muy importante respetar sus tiempos, mantener el orden y construir poco a poco”. En la práctica, eso significa saber escuchar al caballo y entender cuándo está preparado para avanzar y cuándo necesita reforzar lo aprendido.
“Cuando empiezas con un caballo joven lo conoces desde el principio, y llega un momento en que ellos mismos te lo dicen. Sabes cuándo están preparados para dar un paso más porque lo sientes en el trabajo diario”, comenta.
Uno de los pilares del método que aplica Cristina en su día a día es el trabajo variado. Un concepto que responde a una necesidad real del caballo joven: mantenerse motivado y mentalmente equilibrado. “En Villa Equus basamos nuestro entrenamiento en un trabajo muy variado. Así los caballos están entretenidos mentalmente, no se aburren y se mantienen frescos tanto física como mentalmente”.
Ese trabajo incluye desde sesiones en pista hasta salidas al campo o trabajo a la cuerda, siempre adaptado al nivel del caballo. “El primer día que te subes a un caballo joven no te vas al campo, claro. Pero cuando tienen una mínima base y confianza, empezamos a variar: pista, cuerda, pista de galope… Todo lo que sea que lo vivan como algo positivo”, narra.
El objetivo no es imponer, sino acompañar al caballo en su aprendizaje: “Antes de montarles les damos un poco de cuerda. Luego nos subimos y vamos introduciendo poco a poco las ayudas, sin exigir demasiado. Al principio hay que dejarse llevar un poco por el caballo, no puedes pretender que todo sea perfecto desde el primer día”.
Este enfoque progresivo permite que el caballo asocie el trabajo con una experiencia positiva. “Lo importante es que no lo vivan como algo negativo ni traumático. Que entiendan el trabajo como algo natural”, puntualiza.
“Para mí, el error principal es querer evolucionar demasiado rápido. Muchas veces por motivos comerciales se intenta avanzar antes de tiempo, pero los caballos no están preparados ni física ni mentalmente”, añade.
Las consecuencias pueden aparecer más adelante, cuando el caballo empieza a mostrar bloqueos o inseguridad. “Si haces que un caballo haga algo que siente que no puede hacer, eso le genera frustración. Y después recuperar esa confianza es muy complicado”.
Por eso, su consejo es paciencia y respeto. “No ir con prisa y dejar que cada caballo marque su momento”.
Desde su llegada a Villa Equus hace algo más de cuatro años, Cristina reconoce que su evolución ha sido constante, tanto como jinete como a nivel personal. “Estoy encantada. Siento que he aprendido muchísimo y que todavía me queda mucho por aprender. Lo que más destacaría es el trabajo variado, que ahora mismo me parece fundamental para cualquier caballo”. El aprendizaje diario junto a referentes como Beatriz Ferrer-Salat y Berna Pujals ha reforzado y mejorado su visión del trabajo con caballos jóvenes.
Además, la cantera de caballos jóvenes en Villa Equus sigue creciendo, y con ella también los sueños. “Tenemos muchos caballos jóvenes y algunos son proyectos para el futuro. El objetivo es seguir domándolos, seguir subiendo de nivel con cada uno de ellos y, ojalá algún día, poder llegar a hacer Gran Premio”, finaliza.
Fotografía de Andrea Rodríguez











