El clima húmedo característico del norte de España influye de forma directa en la salud respiratoria de los caballos. Las precipitaciones frecuentes, la escasa ventilación natural en determinadas instalaciones y la dificultad para mantener el forraje completamente seco generan un entorno propicio para la aparición de problemas respiratorios, especialmente en los meses más fríos.
La humedad ambiental favorece la proliferación de mohos y ácaros en el heno y en las camas tradicionales de paja. La inhalación continuada de partículas en suspensión puede desencadenar procesos inflamatorios en las vías aéreas, desde cuadros leves de tos intermitente hasta patologías crónicas como la enfermedad inflamatoria de las vías respiratorias o la conocida bronquitis crónica equina.
Además, durante el invierno muchos caballos pasan más horas estabulados, lo que incrementa la exposición a polvo y amoníaco procedente de la orina. En regiones con climatología atlántica, la ventilación adecuada de las cuadras es una cuestión indispensable. No basta con evitar corrientes de aire; es necesario garantizar una renovación constante que reduzca la concentración de partículas nocivas.
Entre las medidas preventivas destacan el uso de heno vaporizado o ensilado de calidad, la elección de camas con bajo contenido en polvo y la planificación de salidas al exterior siempre que las condiciones lo permitan.
Una gestión adecuada del entorno puede mejorar exponencialmente el rendimiento deportivo y el bienestar general del caballo a lo largo de toda la temporada.










