La marca de lujo Hermès ha tenido en cuenta el calendario lunar, esto es, el Año del Caballo, situando en el centro de su discurso aquello que dio sentido a su nacimiento: el universo ecuestre entendido no solo como estética, sino como una forma de estar en el mundo.
El caballo, asociado a movimiento, elegancia y energía contenida, encaja con naturalidad en la narrativa de una casa que desde hace casi dos siglos trabaja el equilibrio entre oficio artesanal y visión creativa.
En este nuevo ciclo, Hermès no persigue una validación externa ni una confirmación de su éxito comercial, pues eso ya es inherente al propio nombre comercial, sino una lectura más profunda de su propia identidad. De los iconos históricos como el Birkin o el Kelly, el foco se desplaza hacia una mirada más amplia, cultural y transversal, donde el mundo ecuestre impregna diseño, actitud y ritmo.
Esta vuelta a los orígenes se produce, además, en un momento de transición creativa. El nombramiento de Grace Wales Bonner como director creativo de la línea masculina, tras la salida de Véronique Nichanian, abre una etapa marcada por el diálogo entre tradición y sensibilidad contemporánea. La artesanía sigue siendo el punto de partida, pero ahora convive con nuevos códigos y lecturas actuales.
Lejos de las tendencias efímeras, Hermès mantiene su posición tradicional. Como en la buena equitación, forma y función avanzan juntas.














