Alejandro Oliva vive uno de esos momentos que definen una carrera. Tras siete años y medio de formación dentro del equipo de Juan Antonio Jiménez Cobo, el jinete inicia una nueva etapa profesional con un proyecto propio que nace desde la experiencia, la reflexión y, sobre todo, la convicción de que ha llegado el momento de dar un paso adelante.
Cerrar esta etapa no ha sido sencillo, pero sí natural. Oliva habla de estos años como una auténtica escuela, no solo deportiva, sino también personal. Un periodo marcado por el aprendizaje, la exigencia diaria y el crecimiento dentro de un equipo que es referente a en la Doma Clásica internacional. “Han sido años de muchísimo aprendizaje, de crecimiento y de experiencias que me han marcado tanto a nivel profesional como personal”, reconoce. Ese bagaje es lo que le permite afrontar el cambio con ilusión y energía.
Mirando atrás, Alejandro identifica una base muy sólida en la formación de caballos como uno de los grandes pilares que se lleva consigo. El respeto por los tiempos de cada animal, la importancia de disfrutar del proceso incluso cuando las cosas no salen como uno espera y la capacidad de entender la doma como una carrera de fondo, son aprendizajes que ahora forman parte de su manera de entender este deporte. A nivel personal, destaca los siguientes valores: disciplina, constancia, capacidad de observación y la necesidad de mantener siempre los pies en la tierra.
Esos valores no se quedan en el discurso. En esta nueva etapa, Oliva quiere que sean el eje de su proyecto. Su forma de trabajar se apoya en una estructura clara, en la regularidad del entrenamiento y en una exigencia constante consigo mismo. El respeto por el caballo marca el ritmo diario: su bienestar y su correcta formación están siempre por delante de cualquier atajo. La constancia, explica, es la única vía para lograr resultados duraderos, tanto en los caballos como en los jinetes.
Dar el salto hacia un proyecto propio nunca es una decisión fácil, pero Alejandro siente que este es el momento adecuado. La seguridad le llega de la experiencia acumulada y de la sensación de estar preparado para asumir la responsabilidad de tomar sus propias decisiones. También hay una idea que ha pesado mucho en este paso: entender que el “momento perfecto” no existe. Crecer profesionalmente implica asumir riesgos, aceptar la imperfección y trabajar duro. Una filosofía que resume bien una frase que le ha acompañado en este proceso: los cambios, si se afrontan con ganas, siempre son para mejor.
En esta nueva etapa, Alejandro Oliva se define como un jinete serio, responsable y honesto. Su objetivo es trabajar con caballos y clientes enfocados en la competición, formar caballos desde edades jóvenes y acompañar a los binomios en su evolución hasta el máximo nivel. Con los clientes busca una relación cercana, clara y basada en la confianza, donde el trabajo constante y el disfrute del proceso sean tan importantes como los resultados.
El arranque de este proyecto tiene lugar en el Centro Hípico Mythos, un entorno que Oliva considera clave para construir algo sólido y coherente. El bienestar de los caballos, la calidad de las instalaciones y un ambiente de trabajo tranquilo y acogedor son factores que influyen directamente en la calidad del día a día. Para él, el lugar donde se entrena condiciona la motivación, la calma y la forma de trabajar tanto del jinete como del caballo.
Alejandro está abierto a recibir caballos y clientes que quieran entrenar y mejorar en Doma Clásica, pero tiene claro qué busca en un binomio: actitud. Más allá del nivel, es imprescindible tener ganas de aprender, de respetar los procesos y de comprometerse con el trabajo. La pasión por la Doma Clásica y la confianza plena en el camino que se recorre juntos son, para él, la base de cualquier proyecto que aspire a crecer.
Después de tantos años formando parte de un gran equipo, lo que más le ilusiona de esta nueva etapa es la posibilidad de tomar decisiones y crear su propio camino. También es lo que más impone: ahora la responsabilidad es completamente suya. Pero ese vértigo, lejos de frenarlo, lo interpreta como una señal de avance.
Si tuviera que resumir este momento de su carrera, Alejandro Oliva lo tiene claro: es el comienzo de una etapa ilusionante en la que asume el reto de creer en sí mismo y en su forma de trabajar.














