Hay trayectorias profesionales que no nacen de una decisión puntual, sino de una suma de preguntas incómodas. De observar, de no conformarse con lo que “siempre se ha hecho así”. La de Noelia Ruiz, fundadora de Saddle Essence, es una de ellas. Su especialización en saddle fitting no surge como una moda, sino como una consecuencia lógica de buscar coherencia entre el bienestar equino del que tanto se habla y la realidad diaria del caballo montado.
“Durante mucho tiempo se hablaba de etología, de trabajo pie a tierra, de comunicación… pero cuando llegábamos al momento de montar, todo eso parecía diluirse”, explica. “Y la realidad es esa: el caballo se monta”. Fue ahí donde empezó a detectar un vacío importante: nadie estaba prestando atención en cómo respetar al caballo cuando entra en juego la montura, uno de los elementos que más influyen en su cuerpo a diario.
La biomecánica como punto de inflexión
El interés de Noelia por el ajuste de monturas fue creciendo de forma progresiva, hasta que una formación sobre gestión del caballo descalzo terminó de encajar las piezas. Aunque el enfoque era otro, el hilo conductor fue claro: la biomecánica. Entender cómo se mueve el caballo, cómo se adapta su cuerpo y cómo pequeñas interferencias pueden generar grandes compensaciones.
“Ahí comprendí que la montura influye directamente en la biomecánica, en el confort y en la longevidad del caballo”, señala. En ese momento, el saddle fitting dejó de ser una inquietud más para convertirse en una vocación: una herramienta para trasladar el discurso del bienestar a la práctica real del día a día.
Normalizar lo que no debería ser normal
Antes de dedicarse profesionalmente al ajuste de monturas, había algo que no terminaba de cuadrarle. “No me encajaba que se normalizara el dolor, la tensión o ciertos comportamientos, atribuyéndolos al carácter del caballo o a una falta de entrenamiento, sin revisar algo tan básico como lo que llevaba encima todos los días”.
No fue un caballo concreto el que marcó un antes y un después, sino la repetición de patrones: incomodidades asumidas como normales, compensaciones justificadas con explicaciones externas, señales pequeñas pero constantes. Esa acumulación de experiencias fue la que la empujó a profundizar, convencida de que un buen ajuste de la silla, respetuoso con el movimiento natural del caballo, puede marcar una diferencia enorme en su bienestar presente y futuro.
Un camino poco visible… pero necesario
El saddle fitting sigue siendo una profesión poco visible y, en ocasiones, mal entendida. Para Noelia, uno de los mayores retos ha sido explicar que su trabajo va mucho más allá de vender o cambiar monturas. “Implica estudio, criterio y mucha responsabilidad”, afirma. También asumir que es un camino lento, de concienciación, pero con una necesidad real en el sector.
Lejos de desanimarla, ese proceso refuerza su convicción. Lo que más la motiva hoy es ver cambios reales: caballos que se mueven con más libertad, menos tensión, más conexión con sus jinetes. Y, al mismo tiempo, saber que el cuerpo del caballo es dinámico y que siempre hay más por aprender sobre biomecánica, materiales, evolución muscular y trabajo interdisciplinar.
Una decisión sin dudas
Cuando mira atrás, Noelia no habla de incertidumbre. “No he dudado en ningún momento”, reconoce. Desde el principio tuvo claro que este era su camino, aun sabiendo que implicaba mucho trabajo de divulgación y cambio de mentalidad. Y hoy, lejos de arrepentirse, se siente más motivada que nunca.
“Cada vez veo más jinetes, profesionales y propietarios interesados, más abiertos a cuestionarse cosas que antes no se planteaban”, explica. La relación entre un buen ajuste de la silla y la prevención de lesiones empieza a entenderse con más claridad, y formar parte de ese cambio es, para ella, la confirmación de que Saddle Essence no solo tenía sentido, sino que era exactamente donde debía estar.














