La Real Federación Hípica Española (RFHE), a través de su Comité de Bienestar del Caballo, ha difundido una serie de recomendaciones específicas para el cuidado y manejo de los caballos durante los meses de invierno, una época especialmente exigente tanto para los animales como para quienes trabajan con ellos a diario. El objetivo de estas pautas es minimizar riesgos, prevenir lesiones y garantizar el bienestar físico y mental de los caballos frente a las bajas temperaturas, la humedad y las condiciones adversas del terreno.
Entre las principales recomendaciones se encuentra la importancia de un manejo general calmado y previsible. Durante el invierno, el frío puede aumentar la excitabilidad de los caballos, por lo que se aconseja moverlos con tranquilidad, evitar movimientos bruscos y comprobar siempre el estado del terreno antes de montar, prestando especial atención a la presencia de hielo, barro o superficies resbaladizas. Asimismo, la RFHE destaca el valor de mantener rutinas estables de alimentación, trabajo y descanso, ya que la previsibilidad contribuye al equilibrio y la seguridad del caballo, especialmente en animales de competición.
Antes del entrenamiento, el Comité de Bienestar del Caballo insiste en la necesidad de prolongar el calentamiento. En climas fríos se recomienda dedicar entre diez y veinte minutos adicionales a caminar y realizar movimientos progresivos y suaves, con el fin de preparar músculos y articulaciones. También se aconseja revisar cuidadosamente las extremidades y la musculatura, ya que el frío puede endurecer los tejidos y aumentar el riesgo de rigidez o inflamación. El ajuste del material es otro aspecto clave, ya que cinchas, monturas y embocaduras pueden estar frías y resultar molestas si no se calientan previamente.
Durante el entrenamiento, la RFHE recomienda evitar cambios bruscos de ritmo, dado que el frío incrementa el riesgo de lesiones musculares y tendinosas. Del mismo modo, se desaconseja trabajar sobre superficies congeladas, excesivamente duras o con hielo, priorizando siempre la seguridad del binomio caballo-jinete.
Una vez finalizado el trabajo, el enfriamiento adquiere especial relevancia. Se aconseja ampliar el tiempo de enfriamiento caminando hasta que la respiración del caballo vuelva a la normalidad y evitar enfriamientos bruscos. Para ello, es fundamental secar el sudor con mantas específicas tipo “cooler” y no dejar al caballo húmedo expuesto al frío. También se recomienda prestar atención especial a los cascos, eliminando restos de barro o hielo y aplicando productos protectores si el clima es muy húmedo.
En cuanto al manejo en el box, la RFHE señala la importancia de ajustar el uso de mantas en función de la temperatura, el pelaje y el nivel de trabajo del caballo, evitando el sobreabrigo que puede provocar sudoración innecesaria. La ventilación del establo debe ser adecuada, permitiendo la renovación del aire pero sin corrientes frías directas. Además, se destaca el papel del forraje abundante, ya que la ingestión de heno contribuye a generar calor interno y favorece la calma en los caballos deportivos.
Finalmente, el Comité de Bienestar del Caballo incluye una serie de sugerencias adicionales, como aumentar los paseos y el tiempo en libertad siempre que las condiciones lo permitan, ya que el encierro prolongado por mal clima puede incrementar el estrés. También se recomienda mantener una vigilancia veterinaria más estrecha durante el invierno, observar posibles cambios de temperamento y asegurar que los bebederos y cubos de agua no se congelen en las zonas más frías.
Fuente: RFHE.














