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Avant Hermès, la marisma

El fotógrafo Manuel Naranjo Martell dedica «Saca 1504» a los yegüerizos de Doñana, guardianes de un saber ecuestre tres siglos anterior a la casa de lujo más ligada al caballo

Por Santiago Rodríguez

La noche del 25 de junio nadie duerme en la marisma de Doñana. Los yegüerizos de Almonte han entrado en el Parque Nacional con sus caballos, sus enseres y sus viandas, y esperan el alba junto a la candela, con la humedad metida en los huesos. Cuando clarea, ensillan y salen a buscar a las yeguas marismeñas que han pasado el año en libertad. Las rodean y las agrupan con la chivata, una vara que en sus manos parece una prolongación del brazo. Las tropas crecen a medida que avanza la mañana. Este año fueron cerca de 1.600 yeguas y potros, repartidos en once tropas. Pasaron por la ermita del Rocío para recibir la bendición y entraron en Almonte con la caída de la tarde.

Es la Saca de las Yeguas, y se hace así, con pocas variaciones, desde hace más de cinco siglos. El Duque de Medina Sidonia la reguló por ordenanza en 1504, pero la costumbre es anterior y hunde sus raíces en la ganadería de la marisma heredada de al-Ándalus. En Almonte las yeguas pasan unos días en el recinto ganadero, donde se les corta la crin y la cola (la tusa) y se hierran las potras. Después vuelven a la marisma hasta el junio siguiente.

Manuel Naranjo
Manuel Naranjo

Manuel Naranjo Martell (Sevilla, 1988) lleva desde 2016 acompañando a esos hombres. El resultado es Saca 1504, publicado este verano por Editorial RM: casi doscientas páginas en blanco y negro que no buscan la postal folclórica, sino el rito que hay debajo. Su tesis es ambiciosa y convincente. El yegüerizo sería el jinete fundador de un mundo atlántico, la raíz de la que salieron el charro mexicano, el llanero venezolano, el gaucho rioplatense y el cowboy norteamericano. Por el Guadalquivir salieron hacia América los caballos y también la manera de manejarlos. El libro se cierra con el Atlántico visto desde las playas de Doñana, mirando hacia el otro lado, hacia la tierra de la madre del autor.

Hay otra casa que hizo del caballo el origen de todo. En 1837, Thierry Hermès abrió en París un taller de arneses para carruajes. Su primer bolso, el Haut à Courroies, nació en 1900 para que los jinetes pudieran llevar la silla de montar. Todavía hoy su emblema es un carruaje con su caballo y un mozo que espera, sin nadie en el pescante: el que conduce, dice la casa, es el cliente. Sus sillas se siguen cosiendo a mano, puntada a puntada, por artesanos que aprendieron el oficio de otros artesanos.

Conviene poner las fechas en perspectiva. Cuando Thierry Hermès cortó su primera correa, los yegüerizos de Almonte llevaban ya 333 años sacando yeguas de la marisma.

Lo que une a unos y otros no es el lujo, sino la forma de guardar un saber. Ni el sellier parisino ni el yegüerizo aprendieron su oficio en un libro. Uno lo lleva en las manos y el otro en el cuerpo: saber leer el agua de la marisma, adivinar hacia dónde va a romper una yegua, dónde colocar el caballo para que la tropa no se abra. Ambos lo recibieron de un maestro y ambos lo transmiten de la misma manera, despacio, a quien demuestra merecerlo.

La diferencia está en lo que cada uno hizo con ese saber. Hermès lo convirtió en objeto, en marca y en lista de espera, y hoy vende el recuerdo del caballo a muchos que nunca montarán uno. El yegüerizo no tiene nada que vender salvo un día de junio, y quizá por eso su oficio ha llegado intacto hasta nosotros. No lo ha pulido ningún escaparate.

En su sentido original, el lujo es lo escaso, aquello que no se puede fabricar a voluntad. Pocas cosas son hoy más escasas que un oficio que sigue siendo exactamente lo que era hace cinco siglos. Un bolso se puede encargar, aunque haya que esperar años. El amanecer en la marisma con la tropa en marcha no se puede comprar: hay que haberse ganado el sitio.

Naranjo Martell lo ha entendido y ha tenido la paciencia de mirarlo durante una década. Antes de Hermès, antes del gaucho y del cowboy, estaba la marisma. Y sigue estando.

Por Santiago Rodríguez

 

 Santiago Rodríguez
Santiago Rodríguez

El mundo del caballo une.

Nuestro animal favorito es el emblema de muchas marcas y, en lo que a Chacco Marketing respecta, el nexo de unión entre gente interesante, gente que suma.

Manuel es un fotógrafo involucrado en el mundo del caballo, tal y como explica el relato que hoy nos hace Santiago Rodríguez. Santiago Rodríguez está ligado a Chacco también, en cierta manera, por el mundo del caballo.

Lectura interesante para este fin de semana. Hermès como emblema, el equino como pilar, como base de todo.

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